Hace unos días, buscando unos azulejos en el sector de Estación Central, me encontré frente a frente con una pintura en un muro de una mujer sosteniendo en sus manos una peineta gigante. Me llamó la atención su simpleza y formalidad, y a la vez el contraste con el desproporcionado objeto a su lado. Indagué y me informaron que ese muro era el frontis de una antigua peluquería unisex, que claramente había dejado de operar en ese lugar hacía mucho tiempo.
Por Rafael Edwards
Le hice un par de fotos, y me acordé de que me habían pedido un ensayo para la revista D+A, y por alguna razón sentí que esta foto tendría que ir en ese ensayo. En el camino de vuelta a casa me fui acordando de muchas otras fotos tomadas de mujeres en las calles de diferentes ciudades, escenas que me llamaron la atención en su momento. Decidí hacer el ejercicio de juntar algunas de esas fotos y ver que pasaba.
Al ver todo en un solo lugar, me quede sorprendido por la fuerza de la presencia femenina mayoritaria en los paisajes urbanos más diversos. Para hacer esto aún más patente, descubrí que gran parte de la publicidad, hoy por hoy desproporcionada e invasiva del paisaje urbano, no sólo representa a mujeres como objetos de consumo, sino que también está dirigida a ellas.
Me acordé haber escuchado más de alguna vez eso de que “el lugar de la mujer está en la casa”, y no pude evitar reírme por un buen rato.
Este dicho contrastaba con mi percepción de multitudes de vendedoras ambulantes en las calles céntricas de Santiago, La Paz o Quito, los bancos ocupados por mujeres de edad en Madrid, Toledo o Mérida, los cafés callejeros de Buenos Aires repletos de mujeres conversando, etcétera.
La frase que me vino casi inmediatamente – quizá como síntesis o como paradoja o ambas- fue: “mujeres de la calle”. Fui a Google y tecleé “mujer de la calle”. Esto fue lo que encontré: “mujer de la calle. o. mujer de la vida. o. mujer pública. Prostituta. 5. Esp. www.diccionarioweb.org”
Creo que es hora de cambiar el significado de la frase “Mujer de la calle”.
