LA XVI BIENAL DE ARQUITECTURA – EL DOMINIO FINO DE LAS ENERGIAS

“Hacia una Arquitectura que Cuide Nuestra Tierra”, es el lema de la próxima Bienal, de la cual Juan Ignacio Baixas es su Presidente. Este notable de la arquitectura nacional aceptó nuestra invitación de escribir sus impresiones acerca de este evento que convoca a todos los profesionales de nuestro país y que en esta ocasión tendrá como escenario el MAC con un diseño de Felipe Assadi, quien gentilmente nos envió la memoria del proyecto e imágenes de lo que será esta puesta en escena.
Por Juan Ignacio Baixas, Presidente de la XVI Bienal de Arquitectura 

Hemos querido que el lema de esta XVI Bienal sea “Hacia una Arquitectura que cuide nues­tra Tierra”, lo cual tiene que ver con esa nueva conciencia planetaria surgida luego de un largo período de “explotación” del planeta acen­tuado en los siglos 19 y 20 con la Revolución Industrial.

Conciencia que habla por una parte de un cuidado por el “paraíso destrui­do”, y por otra de una preocupación por el agotamiento o escasez de recursos que llevaría a hacer poco sostenible la vida humana. Conciencia presionada por las urgencias económicas causa­das por el alza desmesurada de algunos “commodities”, tales como el petróleo. Conciencia doblemente presionada por los ambientes contaminados, en espe­cial de las grandes ciudades que aparte de crear fealdad y desagrado, afectan en forma drástica la salud de sus habi­tantes. Conciencia triplemente presio­nada por las predicciones catastróficas del calentamiento global.

Surge entonces la pregunta: ¿qué pa­pel juega la arquitectura en esta con­ciencia que adquiere tanta importancia a partir de fines del siglo XX?

Si consideramos que alrededor del 30% del consumo de energía de un país esta relacionado con el mantenimiento, climatización y construcción de edi­ficios, es entonces obvio que la arqui­tectura (oficio encargado del diseño de gran parte de tales edificios) tiene un papel de primera importancia en esta conciencia preocupada de la habitabili­dad presente y futura del planeta.

Por otra parte, considerando que el tema de la contaminación esta muy relacionado con la “eficiencia ener­gética” (allí donde hay derroche ener­gético, hay normalmente contami­nación) y que cualquier producción de objetos de gran escala produce desechos, también el tema de la con­taminación esta muy relacionado con el diseño de edificios.

Tan graves son hoy el derroche ener­gético y la contaminación que han lle­vado a muchos países, en especial del hemisferio norte, a aplicar drásticos sistemas de certificación, reglamenta­ción y subsidios, dirigidos específica­mente a las fases de diseño, gestión de la construcción y remodelación de los edificios. Asunto este en el cual en Chi­le todavía estamos un paso atrás.

Es así que el oficio de los arquitec­tos se ve hoy tocado por esta exigencia urgente, la cual lejos de presentar una ­­­traba debería por el contrario fortalecerlo al exigir un diseño y una construcción más finos, más ajustados, de gran creatividad y que respondan mejor a la naturaleza de los lugares y a sus habitantes. De modo que la obra final de los arquitectos, la ciudad, acoja con creciente calidad la vida de los que allí habitan.

Sin ir más lejos, lo que hacemos los arquitectos es construir una temperie. Y tal temperie, si bien se logra a través de materiales sólidos, esta sin embar­go constituida en gran parte por ma­nifestaciones de la energía. ¿Qué sería el espacio arquitectónico sin luz, calor, sonido, movimiento? Simplemente no existiría. ¿O bien qué sucedería con un exceso de ellos?, no sería habitable. Sin duda, el fino dominio de las formas de la energía no solo contribuirá a resol­ver un problema planetario. También ayudará a generar una fina arquitectura y ciudades más habitables.

LA BIENAL 2008 ESPACIO PARA LA REFLEXION

Esta preocupación por una arquitec­tura y un urbanismo sostenible impreg­na todas las actividades de la Bienal, siendo además el tema específico de algunas de sus actividades como por ejemplo el Seminario Ecoarq, el Se­minario de Paisajismo y el Concurso Universitario.

Hace ya tiempo que nuestra cultura descubrió que los avances en el cono­cimiento y en el hacer se producen con gran fecundidad en ámbitos abiertos de difusión e intercambio.

El auge por todos conocido y com­partido de la arquitectura chilena en el concierto mundial, sin duda se debe en forma importante a la existencia de un ámbito de comunicación potente entre los arquitectos del cual la Bie­nal es probablemente el hito de mayor fuerza y visibilidad. 

El reconocimiento mundial de la ca­lidad de la arquitectura chilena, está demostrado en las múltiples publi­caciones y exposiciones en diversas partes del mundo sobre nuestra ar­quitectura y no solo de aquella elabo­rada por arquitectos de experiencia y grandes oficinas, sino que también de la arquitectura de nuestros arquitectos jóvenes. Nuestras últimas bienales han celebrado este hecho.

Así como el mundo mira nuestra ar­quitectura, también nuestras bienales han querido invitar y dar tribuna a los principales pensadores de otras partes del mundo relacionados con la arqui­tectura o disciplinas afines. De modo que sus ideas, presentadas en forma directa y de primera mano, enriquezcan y fecunden nuestro quehacer.

Nos enfrentamos entonces con una nueva Bienal que debe mantener el ritmo de las otras y que así como las otras, junto con ser una vitrina de nuestra buena arquitectura en general, también propone un tema de reflexión y de acción para los arquitectos. Tema que pone al oficio de los arquitectos frente a una circunstancia que lo en­riquece. Tal tema circunstancial es el “el cuidado de nuestra tierra”, y nace de esa conciencia relativamente nueva en un occidente que por mucho tiempo estuvo ocupado principalmente de la explotación de sus recursos. Conciencia que nos exige a todos (personas, em­presas, instituciones) una preocupación por el efecto que cada una de nuestras acciones, por leves que sean, puedan tener en la habitabilidad del mundo en que vivimos. Habitabilidad presente y sobre todo habitabilidad futura.

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