XVII BIENAL DE ARQUITECTURA

La próxima bienal de arquitectura a realizarse entre el 18 y 27 de noviembre en el Museo Histórico Militar constituye, desde su primera organización el año 1977, el principal espacio de exposición y reflexión del ejercicio profesional. En su versión XVII el tema principal gira en torno al terremoto del pasado 27 de febrero y se incluirán como parte de la muestra proyectos de reconstrucción y la muestra y premiación de los proyectos seleccionados del concurso Memorial 27 F. Entre las novedades de la versión 2010 se encuentran el activo aporte de empresas en proyectos de reconstrucción, una importante muestra patrimonial, la participación de connotados arquitectos nacionales e internacionales y la constitución de mesas de dialogo abiertas para fomentar la discusión profesional.
www.bienaldearquitectura.cl/xvii/ 

Entrevista a Guillermo Hevia, Presidente de la Bienal, Arquitecto, fundador de GH+A, con vasto curriculum en el desarrollo de proyectos corporativos, pionero en la incorporación de tecnología bioclimática en la construcción, activo colaborador de la AOA, y actual presidente de la XVII Bienal de Arquitectura.
Txt: Paula Aguirre Foto: Guillermo Hevia más Asociados. 

La bienal lleva por nombre 8.8 ¿Su tema central es el terremoto?

Las bienales de arquitectura siempre tienen una temática para poner en valor, tópicos que son importantes en el momento. Algunas han hablado de la ciudad, otras de una visión de futuro, otras de la protección al medioambiente etc. En este caso, nosotros estábamos pensando en una bienal orientada a mostrar el buen momento que pasa la arquitectura chilena, que está siendo muy valorada en el extranjero. Particularmente la de algunos arquitectos. Inicialmente la convocatoria era a mostrar una arquitectura chilena sin fronteras, y entonces vino el terremoto y creímos que era absolutamente urgente reformular la temática. El terremoto, pensamos, era una oportunidad y un desafío enorme que el país va enfrentar los próximos años, por eso le pusimos el 8.8. Es un golpe que se le queda a todo el mundo, 8.8 la magnitud del terremoto y re guión construcción. Nosotros esperábamos que para noviembre el país hubiese superado la etapa de emergencia y estuviera absolutamente avocado a la reconstrucción. 

¿Desde tu punto de vista cuáles fueron las principales falencias de la arquitectura chilena que quedaron en evidencia el pasado 27 de febrero?

Yo creo que el terremoto, en el buen sentido, le hizo muy bien a Chile, sobre todo que haya ocurrido en el año del Bicentenario. Lo que hizo fue desnudar una realidad de una precariedad increíble. Primero instituciones que no funcionaron, y segundo un abandono de áreas de investigación, inversión y conocimiento territorial, por ejemplo, cero preocupación por las instalaciones existentes en el borde costero y que fueron arrasadas por el maremoto. El terremoto y maremoto sacaron a la luz una serie de pueblos y lugares que nadie conocía y que nadie va a conocer porque fueron destruidos. 

Las autoridades no han tenido nunca una preocupación real por la ocupación territorial, los pueblos surgen muchas veces como una generación espontánea. Yo creo que si no hubiéramos sacado a los 33 mineros, el campamento Esperanza se transforma en ciudad. Así han surgido los pueblos en Chile, con la misma precariedad y abandono. El terremoto lo que hizo fue mostrar lugares y situaciones en que viven chilenos en condición de abandono. La gente se concentra mucho en lo que pasa en Santiago y el resto de los pueblos queda a la deriva, muy marginado. Me tocó estar en el norte donde hubo un terremoto hace cuatro años, allá nadie ha hecho nada. Cuando digo nada, es que si arreglas la iglesia y un par de construcciones eso no es lo que un pueblo de 600 personas necesita. 

En ese contexto parece bueno que el terremoto se sintiera en Santiago. Al menos existe plena conciencia de que el terremoto ocurrió y que fue muy fuerte.

Por supuesto. Yo creo que el terremoto nos volvió al centro y lo quiero mirar en positivo, es una oportunidad tremenda y un desafío de soñar el país que queremos el próximo siglo. Como arquitectos tenemos que demostrar que tenemos conocimiento, pero hay que entender que esta es una tarea que le corresponde al país completo: autoridades, profesionales, empresas y la ciudadanía en general. Incluso la gente que ha sufrido, ellos deben tomar conciencia de que tienen que aportar lo suyo. Yo te diría que uno tiene que aprender a vivir con la naturaleza, comprenderla y respetarla y no olvidarse jamás que vivimos en el país más sísmico del mundo. Parece absurdo que no haya elementos que vayan en el sentido de protegerse o reaccionar adecuadamente en una catástrofe. 

Ante catástrofes como éstas parece necesario fiscalizar el ejercicio de la profesión, sin embargo existen demasiadas escuelas de arquitectura en el país ¿No crees que debiesen existir organismos externos que controlen la calidad de los arquitectos que se reciben, tal como se está proponiendo ahora en la carrera de Derecho?

Hay más de 42 escuelas de arquitectura, lo cual es una aberración, debe ser muy barato implementarlas y muy rentable como negocio porque el país no necesita la cantidad de arquitectos que “está formando”. No creo que exista un compromiso de ir a la excelencia. Están saliendo profesionales a los que se les venden ilusiones y eso es muy delicado, pero igual culpa que el educador tiene el “educado” que se hace cómplice y no quiere ver la realidad. Porque hoy entrar a la universidad en Chile es casi una necesidad de justificarse socialmente, no podemos pretender que porque salgan tantos arquitectos, salen tantos talentos. Hay una cesantía tremenda entre los arquitectos porque muchos están mal formados o porque no tienen las oportunidades. Esta es una profesión de largo aliento que requiere de pasión, devoción y cariño por el trabajo, lo veo más como un oficio que como una profesión. 

Pero se trata de un juego perverso, yo no puedo cambiar esa realidad aunque pretenda. Siempre hay alguien dispuesto a hacer cualquier cosa y hacerlo por menos valor, entonces no hay muchas herramientas a no ser que se atacara el problema desde más arriba, a la cultura, la conciencia y la responsabilidad de las personas que toman las decisiones y hacen los proyectos. 

Cuando ves el entusiasmo de los alumnos es fantástico, pero también debe haber un compromiso de los profesores y de la malla académica, yo lo resumiría en que debe haber ética. Y la ética parte por uno enfrentado a la sociedad, a la universidad si se es estudiante o académico, o como profesional si te desarrollas en ese ámbito. 

Casualmente, casi premonitoriamente en la bienal convocamos a un concurso de estudiantes para desarrollar una unidad de emergencia transportable. 

¿La convocatoria para el desarrollo de la unidad de emergencia transportable fue previa al terremoto?

Sí, incluso al de Haití. Posiblemente por mi visita al norte donde vi pueblos que a cuatro años siguen todavía en las carpas del ejército y nos preguntamos qué pasa. Después Chaitén,  en donde se ha mostrado una falta de resolución absoluta, nadie sabe qué hacer, la gente no tiene conciencia de sí se debe mantener o no y entre instituciones políticas y pirotécnica de expertos e intereses creados, eso va a seguir igual. Si se hace una ciudad en Santa Bárbara y se sacrifica Chaitén, nadie sabe qué es mejor ni quién lo hace. El Ministerio de la Vivienda podría haber convocado a concurso a los mejores. La gente a veces dice que debe participar todo el mundo pero sin experiencia eso se transforma en un caos. En la mina San José se mostró una voluntad de hacer las cosas, se usaron las mejores personas y herramientas en la misma dirección. En algunos momentos en que no se encontraban los mineros se produjeron crisis y la gente quería entrar, pero los que saben, las personas adecuadas, entienden que hay que tener voluntad, disciplina y conocimiento y los contuvieron. Eso mismo tiene que tener la arquitectura. 

Pero en términos urbanos es complejo ¿Se puede desde la profesión imponer a las personas un lugar o un modo de vida? Si la gente de Chaitén no se quiere mover hay además de la arquitectura y el urbanismo un tema social.

En esto hay responsabilidades y deberes, si quieres exigir tienes que estar dispuesto a aceptar responsabilidades. La autoridad no está para imponer sino para ejercerse, y se debe ejercer pensando en el bien común. Si existe un riesgo inminente como el caso de Chaitén aunque la gente diga que se quiere quedar como autoridad no lo puedes permitir. Quizás si la autoridad dice: me firman un documento en que se aclara que la responsabilidad es suya y usted se las arregla como puede. Pero entonces la persona no puede exigirle a la autoridad que resuelva problemas posteriores.  

Las autoridades deben actuar con firmeza y convicción. No se puede permitir que la gente se instale en el borde costero de Chile, en cualquier parte y de cualquier forma. En Chile somos eufemistas e hipócritas, muchas cosas no se enfrentan. El terremoto es una oportunidad de hacer las cosas bien porque las labores de reconstrucción son lentas y costosas, hay que reconocer lo que se ha hecho mal y volver a hacerlo bien.  

En este sentido creo que la ética debiera estar en todas partes, autoridades, justicia, médicos, arquitectos. Si visitas las ciudades de Chile son horrorosas, cada vez más feas. Ahí hay autoridades que permiten profesionales que se prestan, inversores que les da lo mismo y una ciudadanía sin capacidad crítica que acepta. A todos nos falta compromiso, existe una tremenda indiferencia.  

Se habla todo el tiempo de emergencia y reconstrucción por separado ¿No debieran ser dos etapas de un mismo proyecto?

En general se ve el lado negativo pero en un terremoto de esta magnitud, 8.2 en Santiago en más de 500 kilómetros de territorio no se cayó más allá del 0.5% de las construcciones, no estoy hablando de construcciones, sino arquitectura. De lo que se ha destruido hay construcciones mal emplazadas, casas muy antiguas con mal mantenimiento, o bien construcciones que han sido deterioradas, por ejemplo, construcciones de adobe en que se les modifica la estructura de techos y el adobe funciona de determinada manera que requiere del peso del techo para trabajar bien. Hemos perdido cosas que evidentemente podían caer, pero colapsos no. Por la irresponsabilidad y negligencia de cuatro o cinco profesionales no se puede lapidar a un país completo y menos a la profesión.  

En el terremoto se perdió mucho patrimonio arquitectónico ¿Cómo debiera la reconstrucción enfrentar este tema?

En este país siempre tiembla y hemos perdido patrimonio contantemente y quizás eso nos hace indolentes, negligentes o indiferentes a la hora de preservar el poco patrimonio que nos queda. El puente Cal y Canto, una de las mejores obras del siglo 18  tuvo daños por una crecida del río Mapocho pero no le pasó nada y lo dinamitaron. Esto no es de ahora, lo borraron del mapa y eso demuestra un país que funciona así.  

A mí me parece que el tema del patrimonio es complejo. Hace poco en una conferencia me tocó ver los proyectos de reconstrucción del gobierno presentados por Pablo Allard. En los renders se veía una intención de reconstruir acorde con lo que alguna vez fueron los pueblos. Posterior a Allard expuso Germán del Sol quien acotó algo que me hizo mucho sentido. El verdadero patrimonio dijo, no está en comprarme un sombrero como el de mi abuelo sino en comprarme un sombrero, tal como lo hubiera hecho mi abuelo. ¿Cómo recuperamos el patrimonio más allá de la imagen de este?

Puede haber muchos puntos de vista, pero hay que hacerlos converger en armonía para que se hagan las cosas y no se transforme esto en un hoyo negro. En pueblos de la sexta y séptima región mucha de la arquitectura que se cayó respondía al clima y al lugar. Yo diría que los mejores arquitectos nunca lo estudiaron y construyen con el sentido común. El tipo construía corredores porque le servían de protección del tiempo del sol con sombra y de la lluvia proporcionando un lugar seco. Se generaba un espacio fresco y protegido en el entorno urbano. Ese tipo de decisiones, de generar un pórtico en un pueblo responden a una lógica y surgen espontáneamente por las necesidades. Por ejemplo, si te vas al norte con el adobe se logra un clima fresco al interior, las ventanas son pequeñas. En la precariedad se le puede sacar partido a los materiales.  

Entonces deberíamos preservar lo que ocurre en el corredor más que la imagen.

Por supuesto. Yo creo que a este país el terremoto lo pilló tan desprevenido, que a veces creo que no hay plan de reconstrucción, que es todo improvisado, tratar de hacerlo va a costar. Uno dice; qué irresponsabilidad, pero yo creo que la verdadera irresponsabilidad es que no hayamos estado preparados para un terremoto. Aunque si piensas en Estados Unidos, la primera potencia mundial, después de Katrina, han pasado cuatro o cinco años y se han invertido millones de dólares y New Orleans sigue en la misma situación. Yo digo que es difícil pasar la cuenta, pero tampoco hacer de esto una escusa para no hacer nada. No podemos llenar Chile de callampas. El Ministerio de Vivienda históricamente se ha lavado las manos delegando parte del tema vivienda a Un Techo para Chile  y eso no puede ser. Nadie se preocupa de la calidad de las viviendas, son viviendas de emergencia o callampas, llámalo como tú quieras, son muy básicas y no existe parámetro para medir la calidad de estas viviendas. Las estadísticas se preocupan de la cantidad y no de la calidad de las viviendas. Eso no es planificación, no se aborda el problema. 

¿Y, cuál es entonces el beneficio del terremoto para la Bienal además de darle un nombre y muchos temas para resolver?

Hace diez años escribí un artículo para la CA en que decía que ojalá que para el Bicentenario no fuéramos a inaugurar, y sigo pensando lo mismo, edificios emblemáticos. Ojalá que no. Ojalá que pensáramos en que la calidad de vida de las personas. Que cada pueblito tuviera una plaza, que las escuelas fueran dignas, que la gente tuviera viviendas dignas, que la gente tuviera sistemas de transporte eficientes, que la gente tuviera acceso a un montón de cosas. Afortunadamente, y por eso te digo que el terremoto le hizo bien al país, no vamos a inaugurar ningún edificio emblemático y vamos a estar pensando en cómo reconstruimos el alma de los chilenos. 

ÁLVARO BARRERA
ARQUITECTO COLOMBIANO INVITADO A LA XVII BIENAL DE ARQUITECTURA
Álvaro Barrera es, tal vez, el primer arquitecto colombiano de su generación en referirse a la restauración de construcciones coloniales y su adecuación al uso moderno. Gran parte de su trabajo se ha concentrado en Colombia, siendo un referente en esta materia su trabajo en el centro histórico de Cartagena de Indias. Actualmente trabaja en la restauración del casco viejo de Panamá. En el marco de la Bienal el aporte de este arquitecto nos parece fundamental para poder incorporar el valor del  patrimonio a la re-construcción.
Txt: Paula Aguirre Fotos: Álvaro Barrera.

El pasado 27 de febrero los chilenos presenciamos atónitos como gran parte de nuestro patrimonio arquitectónico localizado en la zona central de Chile desaparecía producto del terremoto. Hoy, enfrentados a la reconstrucción, surgen las preguntas:

¿Qué es para usted el patrimonio?, ¿Existen obras de arquitectura que bajo su criterio sean prioritarias en el proceso de reconstrucción?

Todos los bienes tangibles e intangibles que forman parte de nuestra memoria y herencia cultural. Sí, hay obras de las que podríamos llamar monumentales, que conforman la memoria urbana y/o tienen características arquitectónicas, artísticas y/o culturales que ameritan ser intervenidas en primer orden. 

La mayor parte de la arquitectura que colapsó producto del terremoto fueron construcciones coloniales en adobe. ¿Es factible, según su punto de vista, reconstruir en adobe cuando sabemos que nuestra localización geográfica y el comportamiento sísmico del adobe se presentan como incompatibles?

Hay formas de recuperar este patrimonio con la seguridad estructural que conlleva una norma sismo resistente. De hecho tengo una intervención en un claustro colonial del siglo XVI, construido en adobe crudo, y que fue sometido a dos eventos traumáticos, una explosión con dinamita y un evento telúrico. Hoy esta restaurada y ha estado sin tropiezos por espacio de casi treinta años, con dos movimientos sísmicos. (San Agustín en la ciudad de Tunja -Colombia).

Al observar sus obras de restauración los colombianos aparecen como una cultura que valora, conserva y recupera sus edificaciones patrimoniales, un opuesto a lo que se observa a nivel local. ¿Es así? ¿Existen en Colombia políticas y legislaciones fuertes en torno a la conservación del patrimonio parquitectónico?

Como en todos nuestros países, en una época perdimos gran cantidad de ese patrimonio urbano, posteriormente se legisló, siendo cada vez más estricta la reglamentación. La valoración de algunos cascos urbanos ha permitido mantener cierta cohesión frente a la memoria urbana y al patrimonio. 

Muchas de sus obras de recuperación incorporan no solo la restauración física del inmueble sino también la recuperación programática, otorgando al edificio nuevos usos ¿Qué tan fundamental es según su criterio redefinir el rol de las arquitecturas en el proceso de restauración?

Es primordial que el monumento recuperado tenga sostenibilidad, y para ello, un uso definido que lo mantenga vigente, de otra manera no estamos haciendo nada, se recuperarían inmuebles vacíos, sin vigencia y permanencia lo que los condena a desaparecer y a que se pierda una inversión importante. No se puede recuperar el patrimonio, solo con una visión historicista, porque terminamos con ciudades museos. 

Por último desde una perspectiva foránea ¿Cuáles son los mayores patrimonios arquitectónicos de Chile?

Determinar cuál es el patrimonio arquitectónico de un país como Chile es difícil, tienen una herencia Europea digna de conservar y una arquitectura contemporánea muy importante. Chile tiene una tradición de buenos arquitectos y buena arquitectura.

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