El 17 de enero de 1995 a las 5:46 de la madrugada el terremoto popularmente conocido como el “Gran Hanshin” azotó la ciudad de Kobe, en la isla de Honshu al sur de Japón. Con epicentro superficial entre quince y treinta kilómetros de profundidad situado en la isla de Awaii, bahía de Osaka, el sismo de intensidad 7,2 grados en la escala de Richter y duración aproximada de veinte segundos arrasó con el principal puerto japonés.
El movimiento dejó como resultado 6000 personas muertas, 26,000 heridos y 310,000 personas sin hogar. 75.000 fue el número de edificios dañados por el terremoto mismo y sus réplicas posteriores, y los daños en caminos, líneas de trenes, comunicaciones y suministros de gas y eléctrico dificultaron la llegada inmediata de ayuda a la zona afectada. Como se podía prever por las autoridades japonesas el casco antiguo de la ciudad de Kobe quedó íntegramente destruido, sin embargo lo que no era de esperar fue el colapso de edificios contemporáneos e infraestructuras relativamente nuevas como la autopista elevada de Hanshin Express, todos diseñados bajo normativas de seguridad anti sísmica. La totalidad de daños físicos dejados por el “Gran Hanshin” se estimó en 60 billones de euros necesarios para financiar la reconstrucción.
Por ser la principal actividad de Kobe la destrucción de las instalaciones portuarias azotó fuertemente la economía local. Se detuvieron las actividades de embarque y desembarque y la infraestructura turística de hoteles concentrada en las inmediaciones del paseo portuario de Meriken Park se vio fuertemente afectada. Hoy a quince años del sismo y con una reconstrucción completa la ciudad de Kobe aun no logra reposicionarse como lo que fue, el principal puerto de Japón.
Al repasar el panorama del sismo japonés es innegable sus similitudes con la catástrofe ocurrida el 27 de febrero en Chile. En ambos casos el cataclismo dejó innumerables pérdidas de toda índole y el gobierno fue ampliamente criticado por su lentitud, descoordinación y déficit de equipamiento para emergencias.
La reconstrucción de Kobe tuvo una duración aproximada de diez años. El proceso requirió de un trabajo eficiente y multidisciplinario por parte de las autoridades.
El programa de reconstrucción reparó gran parte de las viviendas e infraestructuras dañadas, reconstruyo las destruidas y logró soluciones urbanas a problemas previos al sismo. Además se incorporaron evidentes mejoras a nivel urbano construyendo barrios modelos sustentables.
Puesto que constituía la imagen de Kobe al resto del mundo, la reconstrucción del paseo portuario de Meriken Park cobro especial relevancia. El territorio albergaba la actividad hotelera y en él se ubicaban los dos grandes símbolos de la ciudad de Kobe, la torre portuaria y el museo marítimo.
A pesar de la destrucción causada por el sismo la reconstrucción del Meriken Park incorporó paradójicamente dentro del espacio público un memorial a las víctimas en el que además de contar con videos explicativos del terremoto, modelos películas y archivos fotográficos, se conservó parte del parque sin reparar. El objetivo: no dejar que el tiempo borre de la memoria la condición geográfica de la ciudad de Kobe. Para esto la conservación de un tramo destruido quedo como huella tangible de una locación sísmica.
Su último terremoto de características similares ocurrido en el año 1923 parecía haberse olvidado, por este motivo Japón pretendió con estos restos hacer del terremoto de 1995 una presencia permanente en el puerto.
