“Si pensáramos que la luz es el elemento que nos permite ver, entender y sentir lo que pasa a nuestro alrededor, seríamos probablemente más cuidadosos en su uso”, así sentencia Oriana Ponzini al momento de hablar de la importancia de la luz en la vida cotidiana. Es por ello, que esta dedicada iluminadora nacional afirma que “es una gran responsabilidad la que tenemos como diseñadores de iluminación, al manejar la calidad del entorno visual, especialmente en el lugar de trabajo”.
Imágenes gentileza de Oriana Ponzini
Al hablar de luz, Oriana señala que existen al menos tres tipos de variables que hay que estudiar, las físicas, las fisiológicas y las sicológicas. Sostiene que se debe trabajar la luz como un fenómeno con leyes físicas, en que podemos elegir diferentes tipos de fuentes, seleccionar la forma de entrega más adecuada, así como clasificar los artefactos por variados índices que nos muestran su comportamiento y distribución, entre otras características.
En términos fisiológicos, la profesional afirma que es necesario reconocer la interacción de la luz con nuestro cuerpo, de cómo descubrimos los ritmos, las intensidades, y cómo vemos los colores. En tanto, en el aspecto sicológico, Oriana admite que se debe considerar la interacción de la luz con nuestra cultura y convenciones, con las relaciones que hay de ciertas imágenes en nuestra memoria y con la experiencia. Debemos entonces, según su punto de vista, conocer las leyes de la percepción, que nos harán saber cómo el hombre realiza la interpretación de los estímulos y sensaciones que recibe, cómo les dará significado y, finalmente, los organizará en su mente.
LA RESPONSABILIDAD
“Si la mayor parte de la información del entorno llega al hombre a través de los ojos, esta información va a depender de la forma de iluminación de ese entorno, de su intensidad, distribución, color, ritmo de lectura y otras cualidades. Por lo tanto, nuestra percepción del entorno va a depender de las condiciones específicas en que interactúen la luz con el espacio y sus materiales”, señala Oriana Ponzini.
Por lo anterior, es que las instalaciones de iluminación tienen que ser diseñadas no sólo para obtener un buen rendimiento visual, sino que deben incluirse consideraciones acerca del confort visual. “Al hablar de rendimiento visual, nos enfocamos a las características de la tarea visual y su entorno próximo. Al decir confort visual, nos referimos a una condición de debiera estar presente en todo el medio iluminado”, aclara y enfatiza que “la calidad de la iluminación va a depender de la integración de factores humanos, arquitectónicos, lumínicos y económicos”.
Para ella, se debe buscar bienestar para el individuo, buen rendimiento visual, confort ambiental, aspectos en que las características arquitectónicas del espacio, en cuanto a forma, composición, manejo del estilo de diseño son relevantes. Por lo que cada lugar tiene su sello, no sólo en cuanto a color, textura, relación con la iluminación natural, sino también en cuanto al carácter del espacio mismo.
Con estos estímulos físicos, el hombre hace una lectura, percibe el espacio, se siente cómodo, agradado, se distrae, se siente ajeno o acogido… “Tenemos como arquitectos la responsabilidad de mejorar las condiciones del entorno en donde trabaja el hombre”, advierte Oriana.
EL DESARROLLO DE TODO PROYECTO
Hoy el aspecto económico del proyecto de iluminación ha pasado a definir criterios de diseño, influir en el uso adecuado de la energía y de las tecnologías, además de determinar la facilidad de instalación, operación y mantención; todos elementos claves para la evaluación de un proyecto de iluminación.
Al desarrollar un diseño de iluminación, se crea una instalación con un propósito, no es solamente entregar la cantidad de luz suficiente y en la forma adecuada. “La luz tiene la capacidad de reafirmar el sentimiento del espacio al que ilumina, tiene la capacidad de permitir la realización de las actividades para las que el espacio fue creado, pero principalmente debe estar proyectada, para que el hombre que allí habita se sienta bien”, sentencia. Por eso, el sistema lumínico seleccionado debe estar dirigido a satisfacer las necesidades funcionales, emocionales y ambientales de ese hombre, que se crearán en el espacio arquitectónico en donde se lleve a cabo la actividad.
En definitiva, nos encontramos con espacios en donde el mensaje entregado, es tan importante como las condiciones definidas por nuestro proyecto. “Si estudiamos el caso de una consulta dental, en un espacio reducido, el paciente es recibido y dependiendo del carácter de la sala de recepción, podemos cambiar el estado anímico del paciente, el que se encuentra muy sensible por estar frente a algo desconocido. El manejo del entorno, la luz, el color, el olor y sonidos nos ayudarán a crear un espacio en que este hombre se sienta más confiado. En la consulta, tenemos dos tipos de actores, el paciente en posición horizontal, temeroso y que normalmente recibe iluminación directa sobre su cara, y el dentista, que está durante 8 horas en incómoda posición, sometido a cambios de niveles de iluminación muy fuertes, que le causan fatiga visual. En este caso, el manejo de la luminosidad de todas las superficies, más allá de sólo pensar en el nivel de iluminación en el plano horizontal, el control de las vistas lejanas, el control de la iluminación natural, sin entrada de sol directo, la armonía dentro de la gama cromática usada son algunos de los elementos que le permitirán al dentista trabajar en forma confortable. El pasillo es en este lugar trabajo, un espacio de descanso, en donde la iluminación puede ser suave e indirecta y el color puede ser distractor, para alejar la tensión de la consulta”, argumenta finalmente Oriana.
