REFLEXIONES SOBRE EL FUTURO – ABEL ERAZO

Abel Erazo, joven arquitecto chileno lleva cinco años viviendo y desarrollando proyectos en Tokio para el Ishiyamalab Waseda University. Desde su residencia geográfica nos habla de la “localidad” como elemento diferenciador en el mundo de la hiperconectividad que le toca vivir a diario, elemento clave que según su mirada debe asumir la arquitectura chilena en el concierto mundial.
Por Abel Erazo, Imágenes de Takayuki Ishii y Abel Erazo.

En este tiempo global me pregunto sobre lo que nos depara el futuro, y qué rol puede cumplir Chile en el nuevo escenario mundial. Si bien nuestra arquitectura reciente ha transitado por cierto reconocimiento internacional, la verdad es que estamos lejos aún de identificarnos con toda nuestra diversidad y fricción, lo que nos hace únicos como conjunto.

La gran pregunta nacional: ¿cómo definirnos y presentarnos al mundo? Personalmente no creo que seamos sólo paisaje y las obras de gran sensibilidad y talento artístico enclavadas en territorios ocupados por la élite. Sin embargo, si observamos la combinación de este territorio con nuestra propia historia podremos darnos cuenta de nuestra diferencia respecto de otros pueblos. La complejidad que surge de allí es a mi juicio la clave de nuestro gran potencial local. Somos un híbrido en transición.

Me atrae más que la regularidad, elegancia, blancura y metal de la arquitectura actual aquella puesta en fricción con los bordes sociales, con la historia, con las zonas de conflictos y de riesgo. Me atrae más la idea de una creación imperfecta e inconclusa que un producto internacional acabado y asociable a muchos otros.

La arquitectura contemporánea como un producto, aparece en distintas coordenadas sin mayores variaciones. Hoy ciudades como Dubai o Beijing se asemejan, tanto en escala como en estilos. Hoy la unidad global es el dinero, el símbolo de libertad en nuestros días. Las grandes transnacionales se mueven libremente y deciden en lugar de los estados, las transacciones internacionales con sus mega movimientos inmobiliarios dan forma a nuestras ciudades y rigen en consecuencia la sociedad y la vida. Vemos un mundo que navega en este nuevo siglo concentrado en Asia y capitales como Beijing, dejando atrás grandes protagonistas de los siglos anteriores como Europa y Paris en el XIX y Norte América y Nueva York en el XX. ¿Cuál será nuestra posición en este mapa?

Quizá deberíamos, una vez conocido el proceso global, operar desde lo local y buscar significados; revelar. Creo que la neutralidad por sí sola no es un valor, la arquitectura que no transmite un mensaje tampoco. Las posibilidades de la técnica son ahora ilimitadas pero el pensar en las carencias del espíritu, lo invisible y abstracto, la sociedad, la esencia del lugar y su historia es más necesario que nunca. No necesitamos decirlo, pero si hacerlo…, como decía Rogelio Salmona: “Tengo la misión de servir a la sociedad y entregar de la mejor manera posible espacios habitables para ella, en consecuencia debo conocer su historia, sus deseos y las características del suelo y de la geografía local”. Es lo que él llamaba “composición arquitectónica”, la mezcla entre territorio, materiales, forma, color y luz, yo le agregaría la técnica y la esencia de la época.

Revisando mi propia herencia moderna pienso en el inicio de la era industrial, cuando el objeto y la máquina eran las grandes novedades. El automóvil la estrella, el material, el acero. Allí estaban todos los maestros experimentando, gracias a Paxton y a Loos en el siglo anterior, comenzaba algo nuevo, nuevas formas, alta tecnología para el siglo XX. De ellos Mies es como el legado sin tiempo, el más misterioso de todos y quizá el único que sintetizó en forma más radical y perfecta, la conjunción de la técnica con el espíritu. Creo que eso es universal, porque Mies trabajaba con el tiempo y con el silencio. Conceptos ultra vigentes en esta era de la información, donde la inmediatez es posible y la distancia no existe. ¿Cómo crear el entorno construido con estas nuevas variables?, ¿una sociedad inalámbrica y en continuo movimiento admite aún una arquitectura inmóvil, pesada y estática?, lo dudo. Después de cinco años en Tokio, recién comienzo a racionalizar el delirio de una hipercivilización que no para, que no sabe que vive en el futuro, y que quiéranlo o no son modelo premonitorio de lo que otros vivirán. Aquí la complejidad es tal que casi nadie se da cuenta, la gente sólo sigue su marcha resignada ya a no entender, porque para ser honesto entenderlo produce cierto vértigo. En cualquier caso una ciudad que está en un 90% registrada en GPS (Sistema de Posicionamiento Global), en que todo lo que se mueve produce su vector digital y que por tanto la virtualidad es parte de lo cotidiano, no hace más que decirme que la forma de habitar ha cambiado.

No es posible aún referirse a una nueva etapa de la arquitectura, el Movimiento Moderno sigue rigiendo la arquitectura actual, pero se espera algo nuevo, el sustrato base para este cambio ya esta aquí, ya vivimos y nos comunicamos de otra forma y un nuevo mapa comienza a dibujarse. Depende de nosotros, y de qué tanto dejemos de mirar en abstracto, ilusorio y lejano, el llegar a otras capas del subsuelo local para luego conscientemente conectarnos con la híper-red global.

Me propusieron que hablara de arquitectura contemporánea y creo que ésta es la “arquitectura sin tiempo”, aquella que trasciende la moda y las tendencias…, aquella que está siempre vigente, aquella que surge del lugar y representa los anhelos y sueños de la sociedad a la que sirve.

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