Premio Nacional de Arquitectura 2010
Txt: Paula Aguirre. Fotos Proyectos: Browne y Asociados.
Primero quería felicitarlo por el premio. Estuve mirando la página web de Enrique Browne buscando un registro de su primera obra de arquitectura. Encontré unas casas en la calle Charles Hamilton de 1974 que justamente ganaron un premio en la bienal de arquitectura. ¿Hay alguna obra anterior, una primera obra de arquitectura?
Mi primera obra fue el año 1962, recién entraba a la escuela.
¿Estaba estudiando?
Claro, en ese entonces mi padre tenía un campo, el campo era precioso, miraba al mar. Mi padre me dijo; por qué no haces unos estacionamientos como corresponde. Cerca había unas quebradas llenas de coligües. Pesqué un par de coligües y lo armé. Fíjate que los coligües tienen la gracia de que nunca se pueden juntar mucho porque tiene muchos nudos, siempre quedan un poquito separados y eso da una luz extraordinaria. Yo estaba muy orgulloso de mi obra.
¿Sigue existiendo?
Vendimos el campo y no fui más para allá.
¿Existe algún tema persistente en su obra, un hilo conductor, o es más preciso entenderla por etapas?
No hay hilos conductores tan claros. Uno parte haciendo un poco lo que le gusta, sin saber exactamente lo que quieres lograr. El tema que a mí siempre me ha gustado es el de la arquitectura con la naturaleza y creo que esta relación entre lo construido por el hombre y lo que la naturaleza te aporta en su estado natural ha marcado mucho mi obra. Es lo que pasa, por ejemplo, en el cerro Santa Lucía. Si tu miras las fotos de hace cien años, el cerro estaba todo construido y al día de hoy está tapado por la naturaleza, es una mezcla entre arquitectura y naturaleza. Esta relación tiene mucha lógica, además de los beneficios ambientales. los edificios van en decadencia, un edificio de veinte años no es lo mismo que uno recién inaugurado en que los materiales están perfectos y uno por lo general saca la foto ahí no después. La naturaleza es al revés, un parque de un año no es más que una esperanza de parque sin espacios, árboles, ni colores, hay que esperar veinte años, entonces es precioso. Pasa que, a medida que la arquitectura baja, sube la naturaleza y la mantiene viva, vigente, cada vez más bonita.
El otro tema que me ha gustado desde siempre y que me tocó conocer desde muy temprano es el Land Art: Michael Heizer, Walter de María. El “Doble Negativo” es extraordinario, quiero viajar a conocerlo. Siempre me ha interesado trabajar con la tierra.
Un tercer tema es la luz. Desde esa primera obra con coligües me fasciné. Pero hay algo que planteo y me parece muy importante y es que todos los materiales naturales; el verde, la tierra, el agua, el viento y por supuesto la luz, hay que enfrentarlos como materiales de construcción igual como se trata al vidrio, al acero o al concreto. Son materiales de construcción y hay que ocuparlos como tales, no como una entidad abstracta.
Se habla mucho de una relación entre su obra, el paisaje, la naturaleza y la sustentabilidad. Se tiende a homologar los tres términos. A mí me parece que su obra se relaciona más con el paisaje que con la sustentabilidad y que esta llega más por añadidura que como argumento de arquitectura. ¿Es así o es la sustentabilidad un argumento en su obra?
Yo llegué a esto de la naturaleza y el verde por casualidad, a mí me gustaba el campo, los caballos, los árboles. Estudié en la Católica que era una casona de campo. En el entorno estaba eso y la casa del administrador, el resto era campo, a mí me encantaba.
Hace unos días estaba mirando mis primeros croquis de estudiante, eran puros parrones y corredores. El año 64 hice un proyecto en la escuela que era un edificio de doble espiral en donde se formaban unas concavidades que generaban plazas, y tenías casas con árboles, agua y puentes que pasaban por arriba. Desde ellas se veía Santiago, era algo utópico, era el año 64, ahí nadie ni acá ni afuera hablaba de sustentabilidad. Yo de repente me vi inmerso en este tema pero yo ya estaba ahí por distintas razones. A mí me parece muy bueno el asunto de la sustentabilidad, que la gente se preocupe de ahorrar, pero salvar el mundo como arquitecto no es cierto. Cada uno en lo que trabaje y lo que le toque, que coopere.
Yo no sé bien para qué hacen tantos modelos de cuánto va a bajar el costo de energía. El edificio Consorcio lo comparamos, cuando ya habían crecido las plantas, con diez edificios construidos en la misma época y daba un ahorro de un 45% en las cuentas. Yo no estoy diciendo que sea la cifra exacta, yo digo que es un 20% de ahorro, pero de que hay ahorro, hay. Pero trabajar con modelos anteriores es complejo, por ejemplo, el Transantiago, ahí todos los modelos se equivocaron. Los modelos al ser un concepto mental no tienen por qué calzar con la realidad calzan con lo que tú piensas. En el Transantiago no se consideraron aspectos que ahora nos parecen obvios. Un obrero que se levanta a las seis de la mañana para llegar a las 8, y tiene que atravesar todo Santiago, en las micros amarillas andaba mal, pésimo, pero por lo menos no le costaba un peso al estado. El obrero se subía y le quedaban dos opciones, ir durmiendo pegado al vidrio o leer el diario, y luego se bajaba cerca de su trabajo. En el sistema actual de alimentadores y troncales hay que caminar siete cuadras para llegar al paradero, esperar en el paradero una micro que no pasa nunca con frio, te subes, te bajas y a hacer cola de nuevo. Hay que estar despierto, nada de ir leyendo el diario. El sistema no tiene sicología social.
¿A veces vale más el sentido común que los modelos?
A eso voy, es mejor trabajar con la realidad. Fíjate que Einstein en una conferencia en la Academia Prusiana de las Ciencias a principios de 1930 hizo una pregunta: ¿Cómo puede ser que las matemáticas, que son un producto enteramente de la mente humana calcen tan bien con la realidad? Y dijo: La razón es muy sencilla, si las matemáticas son perfectamente coherentes en sí mismas no calzan con la realidad y si, por el contario, calzan con la realidad quiere decir que matemáticamente no están bien. Las matemáticas son como el ajedrez, un invento de la cabeza, tú puedes decidir jugar sin torres y no pasa nada.
Comparado con las matemáticas la arquitectura parece como tremendamente tangible.
Todos estos edificios en que se hacen modelos, y después vienen los certificados de tal tipo y el vidrio de tales características etc., para mí es ponerse problemas para luego solucionarlos. Yo creo en ir, hacer cosas concretas e ir viendo, hacer prueba y error y ver si funciona o no, no tratar de solucionar el mundo más allá de lo que le corresponde a uno.
Propósito del Transantiago usted es también urbanista, ¿Ha trabajado en ese ámbito o siente que ahí tiene una deuda pendiente?
En urbanismo trabajé menos, más en un principio, pero no tengo una deuda pendiente. Fui director del programa de asistencia técnica de la Universidad Católica y trabajé harto en los setenta. Lo que pasa es que los arquitectos nunca hemos tenido mucho poder, el poder real lo tienen los políticos y quienes tienen mucha plata, uno no. Los arquitectos vamos colgados de la gente del poder, si uno tuviera un mecenas seria extraordinario. Para mí el único mecenas que hay en Santiago podría ser Pedro Ibáñez, el tiene un interés por la arquitectura, le gusta y se preocupa y también del paisaje. Yo no tengo ni poder ni mecenas y hay que adecuarse a eso.
¿Hay en la variedad de programas que le haya tocado enfrentar alguno particularmente desafiante? ¿Quizás alguno menos cotidiano que viviendas u oficinas que habitamos diariamente?
Quizás lo más distinto son programas médicos pero tampoco era tan complicado. Hice clínicas, no hospitales, y esos programas tiene procesos que uno no puede cambiar. El enfermero debe entrar por un lado y salir por otro y sectores que deben estar resguardados. Eso es quizás lo más complejo.
¿Y, algún proyecto que lamente su no construcción?
Mis mejores proyectos son esos proyectos. De cien que he proyectado, si se han construido veinte es mucho. Uno que lamento mucho es un proyecto de oficinas en Santa María que estaba por salir. Estaban los derechos pagados y se les había mostrado a los vecinos, estaba todo listo. El edificio tenía ocho pisos en una especie de geografía artificial. Los autos no se veían y salían directamente a lo que iba a ser la Costanera Norte entonces era un impacto mínimo. Bastó que saliera un artículo en el diario y empezó un movimiento para detenerlo.
¿Existe un miedo por parte de la ciudadanía a los cambios que provoca la arquitectura?
A veces la gente no está informada y salen a alegar. A veces es más fácil alegar que informarse. Pasa lo mismo con las represas o fuentes de energía, hay algunas que son muy feas y están mal hechas con un alto impacto en el paisaje pero hay que tener energía, hay una cuestión de desarrollo detrás. No existe desarrollo sin energía o sin energía relativamente barata.
Quizás el miedo surge porque muchas de las grandes decisiones jamás se consultan y los ciudadanos se ven pasados a llevar.
Es verdad, mira acá el cerro (me indica las laderas del cerro San Cristóbal cercanos a su oficina), es una desgracia como lo han cortado para hacer túneles dejando unos farellones de concreto gigantes. Sí, es muy importante además del cerro la llegada al cerro. Una de las gestiones de Vicuña Mackenna para el Santa Lucía fue expropiar los terrenos que rodeaban el cerro. Yo en el San Cristóbal pondría funiculares para todos los lados y que ojalá estuviera lleno de gente. Otra cosa que no entiendo es cómo no se arregla de una vez el cerro Blanco que es central y no es grande. ¿Por qué gastar la plata en otras cosas y no arreglarlo?
Aunque suene un poco típico. ¿Hay alguna obra que le parezca muy buena? ¿Alguna que le hubiese gustado proyectar?
Hay muchas dentro de Chile, no voy a nombrar actuales. Me parece notable la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, aunque esté bloqueada por la feria de enfrente que le hace perder la dignidad que tenia al recibir el parque. Son muy buenas también la CEPAL y Los Benedictinos. Esos cubitos desfasados son precisos además tienen un entorno de jardines frutales precioso.
Fuera de Chile, te puedo mencionar más actuales; el Guggenheim y otras que no conozco personalmente, como la Biblioteca Tam Art de Toyo Ito. Y claro, las más conocidas como Wright. Aclaro en decir que algunas no las conozco salvo en fotografías, porque la arquitectura actual es muy mediática y tu llegas a la obra misma y todo parece distinto.
Me pasó algo muy curioso cuando visité La Casa de la Cascada de Frank Lloyd Wright.¿La conoces?
La conozco por fotos.
Bueno, la foto más típica que probablemente has visto es la de unas losas voladas detrás del follaje y la cascada cayendo bajo la casa. Yo pensé que esa foto era lo más fácil de sacar pero para hacerlo tuve que salir de la casa irme por atrás, atravesar un puente sobre un arroyo, un bosque y luego meterme en un cajón del río donde no hay camino ni nada, equilibrarme y sacar la foto. La saqué pero costó.
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