Entrevistamos a Jorge Figueroa, arquitecto, autor de numerosas obras individuales, caracterizadas por una gran sensibilidad hacia el entorno, a partir de un innovador trabajo con la espacialidad.
Dónde arranca tu visión de la arquitectura que desarrollas y cuál es tu fuente de inspiración?
El “proceso creativo” es un tema muy interesante al cual le he dedicado su tiempo de “intelectualización”. Es un proceso, que en mi caso particular, considero de origen bastante intuitivo y tiene que ver con como enfrento un proyecto, tiene que ver con jerarquizar una variable. En la problemática de la arquitectura existen muchas variables, el terreno, el propietario, a quien va dirigido y otros tantos aspectos. En mi opinión la Arquitectura es un arte bastante curioso, es un arte útil y en este caso tiene que servir, porque un cuadro no “sirve” para nada, no sirve para una actividad, en cambio la arquitectura debe servir, es una condición fundamental, es el servicio que presta la obra, el lugar, el significado y las propias inquietudes.
Cada elemento tiene que ver con la jerarquía que aplico a algunos de esos aspectos, en relación a la pregunta: qué me están pidiendo aquí.
Cuando participamos en el concurso de la embajada de Chile en Washington con Jaime Bendersky, el Ministerio de Relaciones Exteriores entregaba un libro con condiciones de normativas de la ciudad de Washington, con las condiciones propias de la embajada, presupuestos, plazos, una serie de limitantes y enmarcaciones. Ganamos ese concurso cuando destacamos “la imagen de Chile” en Washington, algo que no estaba en la propuesta, y desarrollamos ese concepto que fue el elemento central, además de solucionar todo el resto.
Frente a un proyecto cualquiera que este sea, lo desarrollo en base a un proceso creativo que me deja muy claro la “caja transparente” que se denomina, al analizar todos los factores en juego, es decir, el metraje, la superficie, el lugar, la gente, toda la parte objetiva. No creo en la “caja negra”, que es la inspiración, no creo en eso, creo que la inspiración siempre va a estar definida por modelos que tienes en tu memoria. De esta manera, ni la caja transparente ni la caja negra, hay una cosa entre medio de esas dos que es la “intuición”, de saber cuál es el elemento que a mí me importa más y que no estáplanteado en ninguna parte.
A lo largo del tiempo, en mas de veinte años y tantos de profesión, la constante ha sido el lugar, el elemento que mas me importa destacar. La obra me va a superar a mí en edad, va a superar a los habitantes de esta obra en edad, pero no así al lugar. La Inserción de ese volumen en el lugar Me importa mucho, que se vea bien, que converse, que dialogue. Creo que toda obra de arquitectura hiere o toca o hace cariño a un lugar, no necesariamente significa esto mimetizarse, sino dotar de valor al lugar, donde se trata de que el volumen y el lugar converse en forma equilibrada.
¿Volviendo al tema de lo influenciable, de lo que tenemos en memoria, las tendencias, cómo lo ves eso en ti?
Una experiencia notable en mi infancia fue en el barrio Lo Castillo cuando se estaba construyendo el Jardín del Este, donde a mi juicio la Arquitectura más valiosa del Jardín Del Este era y es aún, la de Jaime Sanfuentes, que me influenció mucho a pesar de que él murió cuando yo tenía 10 años, pude entonces apreciar esa arquitectura elemental donde no sobra nada y nada esta demás. Creo que fui auto educado por esa memoria, esa óptica.
Me tocó también una familia que valoraba el arte contemporáneo que no tenía la nostalgia del siglo dieciséis. No era nada de raro tener sobre la mesa, los estudios de la Meninas de Picasso y eso contribuía a tener una mezcla de contenidos, para entender por ejemplo, que la casa de Jaime Sanfuentes era una casa maravillosa, al lado de casas más tradicionales, con la imagen propia de la casa con techitos y todo lo demás, creo que lo de Jaime ha sido una influencia permanente.
Como tendencias veo en mi primera aproximación a la profesión a viviendas unifamiliares y hace unos ocho años empecé a proyectar viviendas verticales. Me siento muy a gusto con la proyección de casas individuales o conjuntos de casas, siento que tengo mucho más libertad. Tengo una empatía y un resultado más óptimo porque conozco y me meto en la idiosincrasia y en las costumbres de los propietarios, sin embargo trabajar un volumen mayor, implica otro acercamiento al no conocer al destinatario final.
¿Incorporas elementos de una casa en el desarrollo de proyectos de mayor volumen?
Hay ideas y experiencias que se traspasan a los edificios, que son un desafío mayor por el volumen, por las posibilidades que implica, porque hay otros intereses en juego. Un arquitecto de una inmobiliaria que ofrece un producto a un cliente desconocido, tiene que pensar en quien puede ser ese cliente, en ese sentido, ir en camino de generar la mayor flexibilidad posible.
¿Qué diferencias ves en la manera de enfrentar el proyecto de una casa, un edificio o participar en un concurso?
En un concurso uno está solo, tienes un mandante anónimo, por lo tanto puedes ofrecer lo que quieras y ahí lo ganas o lo pierdes. En los proyectos de casas estas de la mano con tu cliente, hago participar mucho a mis clientes, me interesa que participen conmigo. En los proyectos inmobiliarios obviamente hay un objetivo comercial, pero eso no significa obviar la óptica del cliente final. Este cliente abstracto que de repente es de carne y hueso, viene, se presenta y quiere esto o lo otro… son dos versiones diferentes.
Pensando en las casas que están muy bien estructuradas para los propietarios, ese propietario también va a cambiar en diez años más, va a vivir con menos hijos y en veinte años más va a vender la casa, por lo que tiene que ser una buena obra de arquitectura con él o sin él, no es que sea un encargo anónimo, pero hay que pensar que la obra tiene que perdurar. En el trabajo con inmobiliarias, me entretiene, me gusta y aporto ideas que finalmente se adoptan. Siento que están muy abiertos y que son muy generosas conmigo, me creen, dentro de las restricciones de una inmobiliaria que no son las de una casa.
¿Cómo te gustaría que se plasmara tu obra arquitectónica en el tiempo?
Hay un hilo conductor que se mantiene. La primera casa que hice el año ochenta y tres, tomo esa referencia y la traigo al presente, está totalmente vigente. Hay cosas que hoy no haría, pero es una casa que mantiene una elocuencia identificable, hay una forma con volúmenes que encajan unos con otros, hay una espacialidad que no ha evolucionado demasiado, para bien o para mal, pero es sorprendente en retrospectiva como mantiene su vigencia. Son las mismas cosas que hago ahora, por ejemplo el tema de la luz, la aplicación de iluminación natural, creo que hay una forma de plantearse también frente al terreno que es similar y van cambiando solo ciertos detalles.
La arquitectura es arte, un arte complejo y es un arte útil para otros y la diferencia que hago entre arquitectura—arte y construcción, es similar a la que existe entre sonido y música, entre escribir y un poema, entre pintar una pared y pintar una obra artística, creo que la diferencia está en la emoción, es lo que distingue al arte, que emociona. La música está formada por sonidos pero la música que te toca, en alguna parte te conmueve. Lo que parte de esa emoción o conmoción tiene que ver con el factor “sorpresa”, cuando de repente descubres algo. Eso pasa en el cine, en la fotografía, donde lo que descubres puede ser muy sutil, donde empiezas a ver figuras y a representar cosas. Pasa también con el arte plástico, la emoción tiene que ver con el descubrir y es muy protagonista en el proceso del descubrimiento. Es la herramienta más bien oculta, como una luz manejada en la penumbra, no la luz ad giorno, parece obvio, pero por lo mismo tal vez cuesta más.
Yo intento lograr eso, tanto en la arquitectura de vivienda o vertical, ahora estamos trabajando en un proyecto de una capilla en Villarica donde intentamos sorprender y aplicar estos principios, lo mismo sucedió con la embajada de Washington donde tenía que ser elocuente. La sorpresa se va gastando, atraviesas 25 mil veces un mismo lugar o un acceso y pasa a ser un tema recurrente y no es lo mismo que una primera vez, no importa, trabajo para esa primera vez.
Tu arquitectura la llamaría arquitectura de umbrales, hay elementos hieráticos insertos en paisajes blandos ¿forman éstos un doble espacio, para conformar un espacio más amplio?
Tiene que ver con la arquitecturización tanto en la ciudad como en zonas más despobladas, con el límite de la obra, el límite físico. Frente a la pregunta cuál es el grado de aproximación, cual es límite?, lo que marca posiblemente es lo que abarquen tus pasos cortos, tu vista, tu mano en términos visuales, lo que está cerca. La casa no termina en una ventana, tiene un espacio anterior o un espacio posterior, que son parte de la casa. Donde empieza la obra donde termina la obra?, esa ambigüedad entre lo exterior y lo interior, ese límite ambiguo, donde se da esa conjunción entre lo exterior e interior, desde la calle pública al espacio privado, es un espacio mixto, que tu dominas desde el interior. Me interesa extrapolar los límites en un espacio construido, y que a la vez que sea un espacio interior y exterior.
Tú has sido bastante crítico de la arquitectura que se ha desarrollado en Chile, ¿en qué ha contribuido a tu juicio esta mirada crítica al desarrollo de una mejor arquitectura?
Desde aproximadamente el año 75 la arquitectura en Chile siempre ha estado mirando un poco hacia lo que se hace afuera aplicándolo acá, una cosa de cartón, poco interna, de una arquitectura para arquitectos o para revistas de arquitectura, más que para el entorno. Creo que hoy día también… se proyectan obras que impacten a otros arquitectos fuera de Chile, más eso a que impacten positivamente al propietario o al terreno donde están. Hay miles de excepciones, creo que la arquitectura de Borja Huidobro es un aporte fantástico, pero en términos de lenguaje, creo que muchos arquitectos están más preocupados de la fachada que de los espacios, de mirar más hacia afuera que para adentro, más preocupados de ellos que del propietario, más de los placeres que se pueda dar, autoplaceres, más que del lugar.
¿En tu opinión no hay una arquitectura chilena propiamente tal?
Creo que hay intentos, no hay una sólida arquitectura chilena pero hay muy buenos ejemplos. Germán del Sol que tiene un lenguaje propio y que es contemporáneo. Desarrolla un diálogo importante con el paisaje, que es lo más fuerte que tenemos, el paisaje, no tenemos dos mil años de historia, pero tenemos un entorno y paisaje muy especial.
¿En el caso de las casas proyectadas en el valle de Cachagua, como que ves aplicada esta condición?
La arquitectura tradicional de Cachagua que a todos nos gusta, con troncos, con coirones, de alguna manera no me nace. Me desafía un lenguaje que debe ser bien hablado y lo que hice ahí fue romper el molde, y dentro de ese lenguaje, es una arquitectura que hoy es asumida por la gente. Es una arquitectura cúbica, blanca, muy mediterránea que construye un borde que considero es un aporte, que se ve bien y tuve todas las dudas y críticas del caso. Haber puesto en ese bajo una arquitectura típica, habría sido una caricatura de la arquitectura de los cincuenta, habría sido una cosa forzada, tendría que haberme vestido con otra ropa, y ahí está la dificultad en convencer a la gente, en vestirse con tu propia ropa.
Actualmente estas incursionando en hoteles ¿cómo ha sido esta experiencia?
He desarrollado uno solo y hace un año que he estado preocupado del tema, cómo un Hotel de cinco estrellas en la ciudad en Santiago, no en la isla de Pascua o en San Pedro de Atacama, podría de alguna manera dar cuenta del lugar donde está rodeado de edificios. Creo que va a ser positivo y el resultado sorprendente, porque incorporé en un edificio de ocho pisos una fachada completa de madera, en un terreno que no tiene una gran panorámica, ubicado entremedio de edificaciones y que tenía que guardar una cierta intimidad. Hice una celosía por delante de la fachada, que no solamente trata de lo artesanal, de lo hecho a mano, pero habla de lo no- tecno con un aire mas propio, ello permitió trabajar el tema del cuidado energético, esa fachada permitirá ahorrar aproximadamente un 72% del consumo de energía.
¿Las edificaciones desarrolladas especialmente en Santiago, donde se observa un desarrollo importante en inversión desde el año 75 a la fecha, en tu opinión, fueron acompañadas por buena arquitectura?
Es inversamente proporcional, es curioso, a mayor inversión se han dado peores resultados en nuestra arquitectura. Santiago centro es un caso, borró el sector Santiago poniente. Jaime Ravinet con una muy buena intención quiso repoblar el centro y la Corporación de Desarrollo Urbano de Santiago armó lotes, buscó la forma de ofrecer espacios a las inmobiliarias y lo logró, pero a costa de un barrio notable. Era un barrio abandonado, pero ¿cómo debió haber sido?, se habría poblado mejor con edificios de seis pisos, conservando una escala del lugar.
Tú pasas al lado de buenas casas de siete metros de altura y al lado se han instalado edificios de 30 y 60 ms de altura, lo que finalmente deriva en una calidad de vida mala para sus habitantes. Lo mismo sucede en sectores como en La Florida, en el sector del parque Diego de Almagro, es impresionante, es otro planeta. Veo reproducir los modelos de los edificios de barrios más caros, lo mismo ha pasado con la reproducción de casitas que emulan estilos de casas más caras, en vez de desarrollar estilos de casas más propias a cada lugar.
Las excepciones las podemos encontrar en Vitacura o el caso de Providencia, donde Jaime Marquez ha contribuido allí precisamente en mantener el encanto de barrio. Sin duda son los mejores barrios para vivir. Pero suceden cosas extrañas en la proyección de la ciudad, como la generación de edificios divididos por panderetas en el sector de Sanhathan, donde destaca el edificio de la CCU, que hay que aislarlo para no ver el resto, porque el resto es muy agresivo.
¿Ves la mano del mercado en esta tendencia agresiva, tal vez poco respetuosa de la tradición de un barrio como fue el caso de la plaza Eleodoro Yañez?
No soy tan romántico con el tema de un barrio, ya que considero que su carácter puede mantenerse, no por conservar necesariamente edificios antiguos, sino, por incursionar con nuevas obras, pero respetando básicamente la escala, que resulta clave. Por ejemplo, el sector de oficinas que vemos en Puerto Madero en Buenos Aires, un sector agradable dedicado al peatón. Lo importante es la forma, la escala. Santiago, no da cuenta de la necesidad de respetar las panorámicas, de un cierto ritmo, con edificios máximo de 12 pisos por ejemplo, aquí nos encontramos con edificios muy dispersos, un cóctel de estilos, alturas, etc.
¿Qué valor le asignas a lo académico en este sentido, los aportes a la conciencia en la formación sobre este punto en particular?
No es que la gente de las universidades salgan a hacer cosas horrorosas, son los profesores en parte responsables, en conjunto con las normas que te dan total libertad. El mercado te va a obligar, es una figura compartida de responsabilidad entre el arquitecto y el ente regulatorio, que de regulatorio tiene bien poco. En las normativas municipales existe una libertad ampliada. Las inmobiliarias como cualquiera de nosotros que buscan optimizar y obviamente hacer su negocio, van a ocupar el ancho máximo que se les permita, y esa norma es tan ancha que permite todo. Falta en la norma chilena y en la norma local, alguna definición mayor de “diseño arquitectónico”, no de ordenanzas generales, sino de diseño. En esta etapa veo con mejores ojos, como podemos lograr buenas cosas destacando lo positivo, con crítica constructiva, ahí hay mucho por hacer.
