La entrevista propuesta tiene como objetivo dar a conocer las posturas del Candidato respecto a la ciudad. En este sentido pretende abordar el tema ”ciudad” de manera utópica, sin embargo en un contexto de problemáticas reales. Se trata de la ciudad soñada pero comprendiendo las dificultades que este sueño encuentra en su desarrollo.
Entrevista de Paula Aguirre a Marco Enríquez-Ominami candidato presidencial.
Foto: www.flickr.com/photos/marcoenriquezominami
Según el Censo de 2002 el 86,6% de la población en Chile es urbana, es decir 8 de cada 10 chilenos vive en ciudades y el 37,3% se concentra en la ciudad de Santiago. Santiago es por excelencia nuestra gran Metrópolis. En ella no sólo se concentra la población sino que reside el motor económico del país. La ciudad va a seguir creciendo. Compatibilizar crecimiento económico y demográfico, con calidad de vida son los grandes desafíos de esta ciudad, pronta a alcanzar los 7 millones de habitantes.
¿Qué características tiene la ciudad que Marco Enríquez sueña para el futuro?
Chile, país tricontinental con el océano Pacífico que lo reúne, dispone de un vasto territorio habitable con diferentes características geográficas y climáticas, con amplios recursos naturales y múltiples potencialidades, que valoramos. A esto se suma un capital social instalado, cohesionado, multicultural, educado, preparado para abordar las grandes tareas de hoy y el futuro. Visto de este modo, podemos hablar de las características del habitar “soñado”, mejorando la habitabilidad en todo el territorio y en nuestras ciudades, con el objetivo final de aumentar el bienestar de las personas:
PRIMERO, redistribuir la ocupación del territorio extendiendo las buenas condiciones de habitabilidad a todo el país de manera sustentable, con asentamientos urbanos a escala humana, distribuidos según las condiciones ambientales, geográficas y productivas. Queremos un territorio interconectado, con manejo integral de residuos y lo más importante, que responda a las expectativas de sus habitantes.
SEGUNDO, la “ciudad soñada” debe entregar a todos los habitantes estándares de vida dignos, independiente de la diversidad social, cultural y climática que tengan, con espacios públicos convocantes, con sistemas de transporte eficientes, con centros y barrios equipados y con viviendas que acojan la vida familiar con normalidad.
TERCERO, recuperación del sentido de barrio, con sus redes sociales, que refuerzan la creación de opinión y valores civiles, donde conviven en forma fluida e integrada distintos grupos socioeconómicos y culturales, de nacionalidad y orígenes heterogéneos, que integran distintas generaciones.
Desde el punto de vista de su infraestructura, ¿está Santiago al nivel de competitividad con otras ciudades latinoamericanas de características similares para acoger inversiones?
Sí. Santiago ha sido escogido en diversos estudios por ser una ciudad atractiva para la inversión, y especialmente para personas creativas e innovadoras, que establecen tendencias, que aportan competitividad a las instituciones y empresas para las que trabajan. Junto a esto, es necesario mejorar ciertas condiciones ambientales que juegan en contra, como por ejemplo, la calidad del aire, que de cumplirse los plazos y las promesas de descontaminación, el 2010 deberíamos tener un Santiago con el cielo limpio.
Ampliando su pregunta ¿está el territorio de Chile en condiciones de competir con otros de Latinoamérica para acoger inversiones? Si bien la capital es sólo un valor agregado a considerar, nuevamente mi respuesta es sí. Chile tiene un nivel de infraestructura competitivo y puede y debe proponerse como territorio alternativo de inversiones y de hecho, lo es. Lo que pasa con la minería, la acuicultura, las actividades forestales, la agricultura, el turismo y todos los servicios anexos a estas y otras actividades, representan una alternativa atractiva en la región. Pero no nos engañemos, hay factores que pueden ayudar o no a la competitividad que van más allá de las condiciones de infraestructura física, como es la complejidad burocrática o las reglas de tributación, por ejemplo.
Si el crecimiento económico se ve reflejado en la calidad de vida al interior de las ciudades, en su opinión ¿por qué se da un “crecimiento” tan dispar entre comunas del gran Santiago?
El crecimiento económico no se refleja necesariamente en “mejor calidad de vida” para todos o la mayoría de los habitantes, porque crecimiento económico no implica necesariamente desarrollo económico porque son dos situaciones distintas. Y sucede que tanto el crecimiento como el desarrollo no se distribuyen equitativamente. Más aun, este es un modelo de desarrollo excluyente, que postula “el chorreo” como método distributivo y que al observar su funcionamiento, verificamos que es insuficiente e injusto. Como la tendencia del libre mercado es que la riqueza atrae a la riqueza y la pobreza a la pobreza, se crea el círculo vicioso de la disparidad, de la exclusión y de la segregación visible e irritante en todas nuestras ciudades. La permisividad y falta de regulación por parte de las autoridades de gobierno, han permitido el enclaustramiento en guetos de pobres y ricos donde el común denominador es la desconfianza y el rencor. Esta política, implantada en los años de la dictadura, no ha sido posible de corregir en democracia porque permanecen poderosos e influyentes intereses en que esta situación se mantenga. La segregación de los polos productivos desvinculados de los centros comerciales y de las áreas habitacionales, replica la centralización del país a escala urbana. La ciudad debiera volver a ser funcional a las necesidades de las personas y sus costumbres. El crecimiento económico debe transformarse en desarrollo económico y éste debe reflejarse en igualdad de oportunidades para toda la población, a lo largo y ancho de todo el país.
Considerando que Santiago tiene un índice de 3,2 m2 de áreas verdes por habitante (la OMS recomienda como mínimo 9 m2 por habitante), y que se da la paradoja de comunas como Vitacura que tienen 20 m2 por habitante, mientras otras tienen menos de 1 m2 ¿Que importancia atribuye al desarrollo de áreas verdes y cómo enfrentaría las diferencias entre comunas?
Desde el punto de vista cuantitativo los indicadores establecen un desafío pendiente. Es importante considerar los estándares mínimos que propone la OMS como una meta a alcanzar, pero esto no basta. También es importante definir en términos cualitativos los desafíos pendientes en cuanto a “áreas verdes”, ya que no es lo mismo un pastizal que un bosque. Santiago no tiene los mismos requerimientos que Concepción, ni Arica que Valparaíso ni tampoco Punta Arenas como Iquique. Gran parte de las áreas verdes son superficies asociadas a proyectos viales, barreras para la integración urbana. Es necesario crear zonas verdes que actúen como nodos para la integración espacial y social de la comunidad, como oferta alternativa a los espacios privados.
Desde la perspectiva medioambiental, cobra relevancia los bosques o sea, la masa arbórea, la biodiversidad, la selección de especies autóctonas, adaptadas al clima local, compatibles con la realidad urbana desde la perspectiva de la salud y la seguridad. Esto significa crear políticas realistas, aprovechando las condiciones naturales de cada zona, ambientales, de riego, especies apropiadas, con magnitudes posibles de mantener. Por lo demás, existe un plan general llamado “Plan Verde 2011”, presentado por la presidenta Bachelet que no ha sido llevado a cabo por falta de recursos, pero es perfectamente viable con nuestra propuesta de financiamiento prioritario.
Además, la paradoja que señalas en la pregunta grafica lo que conversábamos anteriormente respecto a la distribución del crecimiento y el desarrollo. Las comunas que tienen más y mejores áreas verdes comunes son también las que tienen más áreas verdes privadas (jardines, parques, etc.) Es decir, tienen más las que necesitan menos. Esto da una idea de dónde debe ponerse el énfasis y el esfuerzo de políticas públicas, en compensar esta inequidad.
Respecto a infraestructura urbana ¿Queremos ser la ciudad de las autopistas, o hay un límite para el crecimiento de estas mega construcciones?
No se trata de querer más o menos autopistas. El tema es tratar de equilibrar un conjunto de coordenadas relativas al funcionamiento de las ciudades y sus sistemas de comunicación y transporte. Si queremos ciudades en que la calidad de la vida predomine por sobre las infraestructuras viales, tenemos que pensar en ciudades a escala humana, de tamaños medianos, con densidades apropiadas, con integración entre vivienda, escuela, lugares de trabajo y equipamiento, con requerimientos energéticos menores, incorporación de ciclo vías y desarrollar decididamente el transporte público según corresponda, ya sea el metro, el tranvía y/o el bus. También se puede optimizar el acceso a la información, propiciando el tele trabajo y nuevas prácticas sociales de integración, reorganización y ordenamiento de los horarios de atención en las diversas reparticiones, de modo que se reduzcan los trámites y por lo tanto, los traslados. En cambio, si privilegiamos las autopistas urbanas, aumenta la velocidad del desplazamiento de los automóviles, lo que incentiva su uso y el aumento del parque automotriz. Esto produce un espiral de desplazamiento individual que nos lleva al mediano plazo al mismo punto de partida: la saturación y al colapso vial, pero con una agravante, que ahora es mayor la cantidad de automóviles y en consecuencia, un problema de mayor envergadura. Esto ya sucede en Ciudad de México, Caracas y Los Ángeles.
El sistema de autopistas generalmente corresponde a una respuesta reactiva frente a la congestión del tráfico. A la luz de las experiencias, estas soluciones presentan una serie de externalidades negativas y múltiples problemas. Sólo por nombrar algunos: incentiva la expansión urbana, fragmentación al interior de las ciudades, congestión en las inmediaciones de las autopistas, aumento de accidentes, escaso interés por fiscalización al interior de ellas, etc.
Hoy se acepta que a medida que crece el PIB, las ciudades crecen y se expanden inevitablemente (incluso las ciudades europeas) ¿Cuáles son los problemas y desafíos que ve en una ciudad cada día más extensa?
Si alguien no sabe por qué las ciudades crecen indefinidamente, que se lo pregunte a los especuladores urbanos y sus agentes. El solo hecho de convertir la tierra agrícola en urbana produce una plusvalía privada extraordinaria y un alto costo público. Y por otro lado está el mercado “cautivo” que necesita terrenos para establecerse, así, la ciudad crece en forma inorgánica. La esperanza de que las grandes concentraciones humanas produzcan una sinergía satisfactoria en lo social, laboral y cultural, no se ha visto cumplida. Los problemas que conlleva una ciudad extensa se magnifican: polución, delincuencia, ocupación de terrenos agrícolas, derroches múltiples. Esto que parece una fatalidad, podría mitigarse. Existen mecanismos de gestión para incentivar inversiones y programas públicos en los diversos territorios del país que, junto con la implementación de políticas de densificación al interior de las ciudades, logren detener la expansión indiscriminada de las grandes ciudades.
¿Que opinión le merecen los programas desarrollados en Chile en torno a la vivienda social, calidad de espacios públicos, ubicación y accesibilidad de ellas?
En estos últimos dos o tres años, hemos avanzado conceptualmente en el tema de la “vivienda social”, sin embargo es muy poco lo que se ha avanzado para resolver el déficit real de viviendas, considerando allegados, campamentos y casas inhabitables, y el problema de los deudores habitacionales. Aunque con la Constitución del 80 la vivienda dejó de ser un derecho para los chilenos y pasó a ser “un bien raíz”, es claro que todos tenemos el derecho a una casa que acoja a toda la familia, insertada en lugares con infraestructura, formando barrios y siendo parte de la ciudad, pero siguen existiendo dificultades en su aplicación. Por su localización e implementación, los conjuntos de vivienda social son depredadores del medio ambiente. Es la horrible “mancha de aceite” que invade los extramuros de las ciudades, siendo un factor importante en la expansión urbana, validado por la aceptación de conjuntos habitacionales con sitios de 200 m2, ubicados en cualquier lugar siempre que el valor de la vivienda no supere las 1.000 UF. o por la aceptación de las llamadas “parcelas de agrado” con lo que todo el campo chileno, salvo contadas excepciones, se puede subdividir en 5.000 m2. Un dato que nos ayuda a imaginar los desafíos futuros: el 60% del crecimiento habitacional será en “vivienda social”.
Para superar una política estatal errada por años, es necesario aprender de la experiencia, ordenar y enfocar muchos esfuerzos. Primero, contar con nuevos y coherentes criterios de ordenamiento territorial, incorporando los conceptos de Territorio Sustentable, Gestión Territorial y Gobernación Metropolitana con los respectivos mecanismos de coordinación, en cada una de las regiones, con visión país, donde confluyan los diversos actores y partícipes del quehacer público y privado, de manera orgánica, responsable y vinculante (en el ordenamiento territorial, actualmente intervienen 31 instituciones públicas y 89 instrumentos de planificación sin mecanismos de coordinación). Segundo, respecto a los conjuntos habitacionales, incorporar activamente estándares de calidad de vida y tercero, sobre la vivienda misma, sustentabilidad energética y por tanto, incorporar el análisis del ciclo de vida de las viviendas para la optimización de la inversión en el largo plazo.
¿Qué modificaciones sustanciales haría al proyecto Transantiago para que funcione?
Un transporte público eficiente y de calidad es una condición indispensable para toda mega-ciudad como Santiago y Transantiago fue, por lo tanto, un proyecto ineludible. A la luz de los hechos, tal como se diseñó y operó, no se tomaron en cuenta todas las variables que implica un proyecto de esta complejidad. Primó la aplicación de modelos matemáticos, la tecnocracia y el apresuramiento, por sobre la incorporación de experiencias anteriores de los actores involucrados y la gestión eficaz de los recursos, asociada a una programación realista y con una fiscalización oportuna. Hoy por hoy, no es presentable que el Ministro de Transporte, que es de todo Chile, sea quién esté a cargo del Transantiago. En este momento, el mayor problema en la operatividad del sistema, es que descansa sobre contratos de concesión del Estado a empresas privadas, firmadas y vigentes. Sobre esta base, es imposible cambiar sustancialmente este proyecto a corto plazo. Pero es primordial reformularlo en el mediano y largo plazo. Pensamos que una Autoridad Metropolitana de Transporte (ATM) como parte de la Gobernación Metropolitana, con todas las coordinaciones y poderes necesarios, debiera “heredar” la operación del Transantiago. Es posible plantear una operación mixta. En este punto, no hay que confundir “operación mixta” con “Empresa Estatal”. Lo que se propone es que la AMT vele por el contexto general de operatividad, decidiendo por dónde, cómo y qué circula por la ciudad, sin perjuicio que buses, talleres y terminales puedan ser licitados a privados. Con esto se debe conseguir economías de escala, unificación de políticas de calidad, mantenimiento y un servicio coordinado. Junto con ello, es necesario seguir mejorando la vialidad, incrementar los carriles bus, aumentar la dotación de paradas e incorporar a los ciudadanos en las decisiones que se tomen en este sentido. El transporte público de todas las ciudades debe responder a las necesidades y expectativas de sus habitantes. Es por ello que deben estar representados en todas las ATM que sea necesario crear.
¿Que importancia le da al rescate patrimonial y a la vida de barrio y que propuestas harías en este sentido?
El sistema en el cual estamos insertos propende fuertemente al individualismo y al egoísmo. Se rompen las estructuras sociales y pareciera que todo se arregla “elevando muros” o “enrejando” calles o evitando al vecino. Nosotros entendemos lo contrario. Apoyamos la vida de barrio y concebimos como patrimonial no solo aquello que tenga un valor histórico, arquitectónico o constructivo, sino también lo que es patrimonial para los habitantes en su diario vivir, lo que denominamos “paisaje urbano”: una cierta densidad, un cierto ritmo, un equipamiento, una luminosidad, una determinada esquina, un pequeño almacén. Somos conscientes que la arquitectura y el urbanismo pueden colaborar con este modo de vida, pero no basta. La intervención de otras disciplinas y recursos son indispensables para configurarla. Son muy importantes las redes sociales (que no se proclaman por decreto sino por convivencias de años) donde cada vecino o vecina asume su rol en el conjunto, donde el arraigo y la pertenencia nos otorga identidad. Por otra parte, estas redes, esta familiaridad y solidaridad con los vecinos, el arraigo en nuestros lugares históricos, nos dan mayor seguridad ciudadana que aislándonos tras altas rejas y opacos muros. Debemos revalorar nuestro “capital social” que existe, está ahí. Es una fortaleza que permitirá superar muchos temores y un apoyo firme para los desafíos que nos depara el futuro.
¿Qué ciudades intermedias en Chile debieran desarrollarse para favorecer una descentralización en un país geográficamente extenso, y qué les falta para ser competitivas frente a Santiago?
Todas y cada una de ellas, de acuerdo a sus potencialidades y al destino que sus habitantes asuman. Así Valdivia, Quillotra, Castro, Temuco, Puerto Montt, Antofagasta, San Pedro de Atacama, o Futalelfú…..cada una tiene características atractivas como también sus propias limitaciones. Ciudades industriales, agrícolas, extractivas, turísticas, culturales, ciudades con múltiples propósitos. La respuesta a la segunda parte de su pregunta; Primero, considero primordial e imprescindible, y esto lo tomo como un compromiso formal de gobierno, lograr la descentralización del país (Chile junto a Islandia son los países con mayor índice de concentración geográfica del planeta) dotando a las Regiones mayor autonomía; elección de autoridades, participación vinculante de los habitantes, transparencia en la toma de decisiones, arraigo y disponibilidad de los recursos que ahí se generan. Segundo, tomar medidas de excepción mientras sea necesario, en cada región y de acuerdo a sus destinos y aptitudes; apoyo a la educación completa, incluyendo técnica y universitaria, incentivos a nuevas localizaciones industriales, planes de trabajo para profesionales jóvenes, mayor conectividad territorial y ampliación de las redes informáticas. Tercero, estar atentos a los brotes de las nuevas generaciones y sus inquietudes. Así, las regiones y sus ciudades podrán competir con la “atracción fatal” que ejerce Santiago por sobre tantos y hermosos territorios que hoy nos esperan para un buen vivir y convivir.
