Palabras simples, pero llenas de reflexión acerca de la arquitectura, de su forma de proyectar, del ciudadano y su habitar el paisaje con dignidad son las que Germán del Sol nos regaló. Lo invitamos a descubrir su pensamiento-to y de paso a repasar la “Casa en Aconcagua”.
Por Esteban Murúa / Imágenes gentileza de Guy Wemborne y Guy St. Clair
En su discurso se percibe claramente una preocupación por el estado de conciencia del hombre por su entorno y por sí mismo, ¿cómo esto se puede traspasar, en alguna medida, a las políticas de crecimiento de las ciudades latinoamericanas que aún están lejos del desarrollo?
Tal vez, nuestras ciudades podrían ser más fecundas para la vida de nuestra gente, si las políticas públicas y las iniciativas privadas, en vez copiar ideas ajenas que han fracasado como por ejemplo la mayoría de las ordenanzas vigentes, se inspiraran en nuestra cultura que es capaz de hacer mucho con lo que tenemos, sin nostalgia de lo que falta.
¿Cómo asume el Premio Nacional de Arquitectura en el marco actual de su carrera y del estado de la arquitectura chilena?
Lo asumo como un encargo que recibo de mis pares, de transmitir a la gente que se siente más pobre en cualquier sentido, la idea de que la buena arquitectura no cuesta plata, es capaz de transformar con gracia los materiales toscos que recibe en belleza que da; y refleja la dignidad que siempre tiene la vida humana aún con sus miserias. No hay que ser un gran observador para ver la fealdad e insatisfacción que rodea a muchas personas ricas en plata.
Algunos de sus proyectos que le han valido reconocimiento profesional están emplazados en zonas geográficas de gran fuerza visual y telúrica (Hotel Explora, Hotel Remota, Termas Geométricas). ¿De qué modo asume al paisaje y su geografía y lo vincula en su arquitectura más allá de lo evidente?
Trato de descubrir lo que hay de único para bien, en cada lugar que la arquitectura hace fecundo el vivir. Porque la naturaleza virgen es indispensable. Pero sin la arquitectura, la naturaleza no es suficiente ni favorable para la vida humana.
La arquitectura abre lugares para que la vida humana esté en plenitud. La relación de esos lugares favorables para la vida humana, con la naturaleza brutal, aquella que se desconoce y que es aparentemente puro azar, es lo que llamamos paisaje, o país.
Como en toda profesión y oficio, la arquitectura se construye también de ensayos, pruebas y errores. ¿De qué modo le ha servido esta realidad en su labor?
La única manera que conozco de aprender arquitectura, es haciendo camino al andar, en un constante errar sin miedo a equivocarse. Pruebas que hay que hacer no al tuntún, sino con una intención clara. Con un propósito ojalá escrito.
Un buen proyecto no es una suma de pasos correctos, sino una decisión correcta tomada en cualquier momento; a lo mejor en plena crisis del proyecto. Y es correcta si logra reunir todas las ideas buenas y malas sueltas en algo mayor que es el propio proyecto.
En la “Casa en Aconcagua”, como en varios de sus proyectos, se percibe una preocupación por los recorridos perimetrales, ¿cuál es el motivo y el objetivo de esto?
La nuestra creo que es una arquitectura de experiencias. Tal vez, toda la arquitectura no es más que la experiencia del espacio que a veces nos invita a recorrerlo, atraídos por las variaciones de luz, de vistas, de forma o de tamaño que nos llenan de sugerencias, y a veces llama a detenerse, por ejemplo, ante el movimiento continuo y que no lleva a ninguna parte, del fuego de una chimenea, del correr de una fuente, o de las olas del mar.
¿Cómo se introduce dignidad y belleza en el desarrollo de una casa para los ciudadanos que tienen menos?
Tal vez, alguien descubra y se atreva a decir algo nuevo. Decir por ejemplo, que mejor que entregar mediaguas en terrenos baratos que se inundan con las lluvias, no tienen alcantarillado, y están alejados de los recorridos de los micros y de los servicios que les ofrecen los pueblos y ciudades, es entregar terrenos más grandes, bien ubicados y bien urbanizados. O proponga por dar otro ejemplo, entregar además las mal comprendidas casetas sanitarias, y un gran paquete de tablas de pino impregnado, planchas de techo, clavos, arena, cemento, rollos de plástico, etcétera, y algunas herramientas…
¿Quién puede asegurarnos que para vivir dignamente, la gente sin casa necesita solo 40 m2, distribuidos y terminados como exige la ordenanza?
¿Quién puede negar a priori que tal vez en un espacio mayor sin terminaciones, pero con instalaciones apropiadas, cada uno pueda hacer una casa que sea fecunda para su vida y la de su familia?
Quizá, los chilenos hemos de dar algo más para que cada uno pueda tener el privilegio de ver reflejado en su casa, en las calles y en las plazas, el esplendor que tiene su vida, aún con todas sus miserias.
La buena arquitectura no está en la forma, sino en su capacidad de sugerir lo que no vemos ni podemos nombrar: las cosas queridas u olvidadas; los sueños posibles e imposibles; las cosas imaginadas o temidas; el lugar al que miramos con esperanza cuando estamos distraídos o apenados.
La buena arquitectura es mucho más que la simple construcción que nos ocupa tanto. Es el fruto de los cuidados con que están hechas las casas, y no del diseño de la forma de las casas que es su apariencia engañosa.
Creo que la arquitectura no debe confundir nunca lo importante con lo urgente: es urgente sacar a la gente de una miseria que avergüenza, pero es importante que la casa sea para cada uno un palacio de esperanzas. La buena arquitectura no cuesta más plata; aporta belleza que humaniza las cosas, y despierta en nosotros el más allá invisible de esperanzas y sueños.
Para vivir no se necesita sólo un resguardo de la lluvia, el barro, y el frío, sino también la gracia que da vida a los materiales y las cosas inertes.
La belleza no es decorativa ni glamorosa, sino una sintonía o complicidad que muestra el lado bueno de las personas y las cosas. La belleza es tan necesaria para vivir como el material de una casa, porque es un destello de la creación de la que todos somos parte, nos enseña a vivir mejor a este lado, y conmueve el corazón del salvaje que todos llevamos dentro.
Pero la buena arquitectura no basta para hacer una buena casa. Hacen falta terrenos buenos relativamente baratos, que son escasos en una ciudad como Santiago, debido a la especulación que genera la existencia de un límite urbano, y una superficie más generosa que los 40 m2 presupuestados.
¿De qué modo la arquitectura puede ser una herramienta social en el crecimiento de los pueblos?
Sin arquitectura, el barrio, o la ciudad no es barrio, ni es ciudad.
En los últimos años a su arquitectura la ha ido despojando de preconceptos de lo bello, lo perfecto o de modelos foráneos. ¿Podemos decir que Germán del Sol esta entrando en la madurez profesional? ¿Cuál es el siguiente paso?
Según los sabios uno debería irse despojando de todos sus apegos y prejuicios, hasta llegar a no depender de nadie ni de nada. Pero a mi no me resulta, aunque me esfuerzo. Entonces pienso que el resultado no depende del esfuerzo, sino de la confianza que uno pone en que las cosas al final saldrán bien. Confianza a la que hay que ayudar un poco, no proyectando algo que no pueda hacer más o menos bien cualquier albañil o carpintero chileno. Y elegir dos o tres cosas escenciales del proyecto y hacerlas con más cuidado. No es necesario que todas las partes sean buenas. Basta con que el total sea bueno, para tener una buena obra.
Y el siguiente paso, es el paso que sigue. Siempre espero un buen trabajo, o ser capaz de hacer una casa para Chile que sea un palacio de esperanza, otro viaje con mi mujer y mis hijos, o recibir una invitación entusiasta, o hacer algo con unas piedras, o salir con vaquéanos a caballo por nuestras vastedades, nada nunca es muy importante, y como dice León Felipe, poder “…pasar por todo una vez. Una vez solo y ligero…”.