Entrevistamos a Augusto Saavedra, diseñador de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Chile) egresado en 1985, quien desde el año 1987, y desde su oficina en Barcelona, ha desarrollado una trayectoria de gran relevancia en torno al mundo de las exposiciones y los Museos.
¿Cómo arranca tu carrera y especialización en museografía?
Tras licenciarme en diseño, en la escuela de arquitectura y diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y una vez instalado en Barcelona, alrededor del año 1987, tuve la oportunidad de trabajar en el estudio DPC Enric Franch donde se desarrollaba el diseño en un sentido muy amplio. Durante los ocho años de trabajo en este estudio tuve la oportunidad de conocer el mundo de las exposiciones y la museografía, lo cual supuso para mí una segunda escuela. Además de aprender del pensamiento y las reflexiones de Enric sobre el presentar, el mostrar y el exponer, adquirí una vasta experiencia metodológica sobre la gestión de proyectos, desde la idea a su implantación final, con la realización de más de un centenar de exposiciones.
Por estas fechas, cuando España ya sumaba diez años sin dictadura, el país sufría un desfase con respecto al resto de Europa en lo que a equipamientos culturales se refiere. Pero el formato expositivo comenzaba a tomar relevancia y, entre los años 1982 y 1987, se llegaron a realizar 520 exposiciones de todo tipo, solo en Barcelona.
Estas dos situaciones movieron a las instituciones culturales catalanas a reflexionar sobre los formatos y los espacios destinados a la cultura. Una instancia a esta reflexión fue encargada y desarrollada precisamente por el estudio DPC Enric Franch, donde recién había entrado a trabajar.
Se trataba de un compendio de actividades, exposiciones, conferencias y una base de datos especializada que recibió el nombre de Programa Exhi-Visions, pretendía ser un espacio de reflexión para instituciones y profesionales en torno a tres líneas: el patrimonio, los espacios para la cultura y los profesionales encargados de llevar a cabo estas tareas.
La línea del patrimonio trató sobre las técnicas de conservación, catalogación y toma de conciencia del patrimonio existente, y su proyección como base desde la cual planificar y dar sentido a futuros espacios donde alojarlos y darles visibilidad a través de su exposición pública. Este es precisamente el objeto de la Museología, y la labor y función primordial de los Museos.
La segunda línea se desarrolló a partir de este análisis patrimonial y considerando las carencias y necesidades sociales de espacios para la difusión de la cultura, se tomó conciencia de la problemática y se abrió un debate sobre la necesidad de que las instituciones promovieran la generación de dichos espacios de conservación y difusión del patrimonio con una estrategia viable y sostenible económica y socialmente.
A raíz de esta labor, entre otras muchas, y gracias también al impulso que supuso para la ciudad la realización de las Olimpiadas del 92, se gestaron, entre finales de los 80 y principios de los 90, gran cantidad de nuevos espacios para la cultura. En esa época se crearon, por ejemplo, el MNCTC (Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya) que a su vez crea una red Nacional de Museos de Ciencia y Técnica; el MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya) que acoge una gran colección de arte románico y gótico como las épocas más florecientes de la cultura catalana; el MACBA (Museu d’Art Contemporani de Barcelona) que alberga y muestra importantes colecciones de arte contemporáneo catalán; el CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) que a pesar de no contar con colección propia realiza interesantes exposiciones de carácter antropológico y de pensamiento contemporáneo; así como la aparición de nuevos museos hasta alcanzar en la actualidad alrededor de 60 en la ciudad
de Barcelona.
La tercera línea de reflexión giró en torno a los profesionales responsables de activar este patrimonio y sus espacios culturales. Directores de museos, conservadores y curadores, pero también diseñadores y constructores, todos ellos debían familiarizarse y formarse en este lenguaje, en este modo particular y al parecer exitoso medio de transmitir
el conocimiento.
Esta formación supone saber cómo encargar una exposición y los medios disponibles para ello (por parte de la dirección), conocer el dominio del espacio y los recursos museográficos (por parte del curador y los diseñadores), así como controlar las técnicas y materiales más eficaces y sostenibles para la realización de una muestra. El lenguaje museográfico es absolutamente multimedial y multidisciplinar pues en él confluyen la literatura, el cine, el multimedia, la escultura, la arquitectura, las instalaciones, la escenografía, la iluminación, etc. Y no es ninguna de ellas en concreto sino una cosa diferente, donde participan todos los sentidos y el propio cuerpo desplazándose por el espacio en un tiempo determinado.
Tuve la suerte de nutrirme de todas estas experiencias en unos años de mucha efervescencia en Barcelona, cuando había semanas que en el estudio inaugurábamos hasta tres exposiciones en la misma semana o exposiciones muy grandes que se hacían en tres partes y cada una se inauguraba en un edificio diferente. Fue una época de experiencias intensas e intercambios muy enriquecedores.
Observo dos tendencias en tu trayectoria: por un lado el ordenamiento del espacio y los objetos y, por otro, la experiencia de la transmisión de contenidos
Una exposición es, en definitiva, un instrumento de transmisión de conocimiento.
¿Cómo valoras esto en tu paisaje del Chile antiguo respecto a lo que está sucediendo hoy? ¿Tienes una imagen de lo que se podría desarrollar aquí en Chile, donde hay nuevas iniciativas… Qué harías tú si te propusieran armar una exposición, y sobre qué tema?
Para empezar, se necesita una base patrimonial (material o inmaterial), un lugar adecuado y los profesionales capaces de llevar a cabo la tarea. Pero esto es la base porque una exposición se comienza a gestar desde la curatoría, cuando el curador plantea una mirada particular y distinta (de la aportada por el especialista) que dota de una nueva visión y, por lo tanto, una apertura de mente a la información inicial.
La traducción del lenguaje del especialista al lenguaje museográfico es un punto crucial para el éxito de una exposición. Otro punto crucial consiste en llevar a formas y espacio esos contenidos transformándolos en un viaje en el que vas descubriendo, con todos los sentidos, nuevas imágenes sorprendentes que fijan esos conocimientos en tu memoria. Una exposición muestra cosas, pero sobre todo crea estímulos que generan curiosidad. Esta curiosidad es la que dará continuidad, más allá de la exposición, a la experiencia de adquirir conocimientos.
¿Qué función cumple en esto la iluminación y la arquitectura?
El espacio es fundamental, en tanto en cuanto las formas de la exposición y las de la sala dialogan para conseguir hacer partícipe al espacio de ésta, a través de relaciones, tamaños, proporciones y color. La luz hace aparecer todo esto, sin luz nada se hace visible y con ella vamos esculpiendo los espacios para ir haciendo aparecer las cosas de tal manera que sean portadoras de sentido. Todos estos elementos combinados pueden generar atmósferas muy estimulantes que aportan contundencia al discurso expositivo.
¿Consideras que es importante desarrollar en Chile una exposición de exposiciones, por ejemplo, para estimular la creación de espacios de exposiciones?
Hacer una parada para reflexionar sobre lo que se está haciendo es siempre muy aconsejable porque las urgencias del día a día a veces no te dejan ver el camino que estás siguiendo.
He sabido que en Chile se ha avanzado bastante, en estos últimos años, con el trabajo de la DIBAM en la gestación de nuevos museos regionales.
Hacer un trabajo planificado y a largo plazo es fundamental para ir construyendo de manera coherente las diversas etapas de un proyecto de patrimonio en el que están inmersas, entre otras muchas cosas, las exposiciones.
¿Cuántos años lleva Ámbito Cero desarrollando proyectos?
Hace unos quince años creé mi propia oficina y desde hace diez años se llama Ámbito Cero.
En ese momento tuve nuevamente la suerte de formar parte de una gran aventura que constituiría mi tercera escuela en el oficio de diseñar exposiciones. En ese momento se estaba gestando el nuevo Museo de la Ciencia de Barcelona, que pasaría a llamarse CosmoCaixa para acercar más su nombre al de su promotor, la Obra Social de la Fundación “la Caixa”. Este nuevo museo partió de las bases del antiguo, que contaba con una superficie de 9.000m2 para ampliarse hasta 50.000m2.
Su director, el físico teórico Jorge Wagensberg , fue clave en esta transformación, pues aplicó el rigor del pensamiento científico a la reflexión museológica y museográfica. De estas reflexiones han salido innumerables publicaciones, exposiciones y el propio CosmoCaixa, que en 2006 fue premiado como Mejor Museo Europeo del año.
De nuestra participación de ocho años en este proyecto, incluso desde antes de la construcción del propio Museo, con exposiciones que servirían de test para las nuevas instalaciones, derivan muchas de nuestras posiciones teóricas respecto a la museografía.
De esta colaboración se han derivado múltiples encargos expositivos hasta el día de hoy, incluidas las exposiciones permanentes de CosmoCaixa Barcelona y Madrid, y otras muchas exposiciones temporales como “Einstein 1905, cien años de Física”, “Viva la Diferencia” una exposición sobre biodiversidad, “Números de buena familia”, “Mediterráneo, pasado, presente, ¿futuro?”, y así hasta asumir cuarenta encargos que suponen la mitad del total de exposiciones realizadas por Ámbito Cero hasta la actualidad.
El museo ordena la memoria y la proyecta…
Por lo general en los Museos se trabaja con la cultura material, pero en CosmoCaixa hemos tenido la oportunidad de proyectar una exposición de cultura inmaterial. Se trata de “Einstein 1905, 100 años de Física” cuya base son las cinco teorías que Einstein elaboró y publicó en 1905 (cada una era merecedora de Premio Nobel, ¡y publicó cinco!). Solo es posible comprender cada una de estas teorías cabalmente a través del lenguaje de altas matemáticas, inalcanzables para el gran público, así que la exposición se basó en cinco experimentos que no son la explicación de las teorías de Einstein, pero dan una intuición de por donde podrían ir. Por lo tanto, construimos intuiciones que acercaban la comprensión de ideas muy complejas, y todas las formas de la exposición establecían relaciones conceptuales entra las disciplinas de la física asumidas en 1905 y las nuevas disciplinas emergidas a partir de la publicación de estas cinco teorías.
¿Hay exposiciones itinerantes?
Hay varias tipologías de exposiciones y, cada una de ellas según sus características, implica un reto diferente para su forma y construcción. Una exposición permanente es un desafío importante porque tiene que durar entre siete y diez años usada y manipulada por miles de visitantes diarios. Después de este tiempo se evidencia el envejecimiento, sobre todo en la tecnología aplicada. Estas realizaciones requieren materiales resistentes y fáciles de reparar y mantener. En el diseño de un dispositivo muchas veces la forma exterior es muy simple pero la complejidad que requiere el hacerlo registrable y accesible para su mantenimiento lo hace muy complejo interiormente y en sus mecanismos.
Luego están las exposiciones itinerantes, que se montan y desmontan muchas veces seguidas, y muchas veces se transforman para tal fin. Estas requieren materiales ligeros pero resistentes y sistemas desmontables y adaptables.
Dependiendo del contenedor donde itinera, la complejidad puede ser mayor. También existe la versión de exposiciones que itineran por salas fijas donde la complicación radica en hacer la exposición adaptable a formatos y particularidades de salas muy diversas.
¿Qué proyectos tiene Ámbito Cero para el futuro?
Hasta ahora, la continuidad de los encargos nunca se ha roto, pero con la situación actual en España, se hace necesario buscar nuevas oportunidades de encargo. Una vía es abrirse a Latinoamérica y a sus economías emergentes, en las cuales seguramente podríamos aportar mucho en materia de patrimonio y museografía y donde creo que hay mucho por hacer, sobretodo asesorando en la creación de espacios sostenibles, económica y socialmente, que estén insertos en planes estratégicos que aseguren su viabilidad y generen una dinámica económica en su entorno inmediato. Esta es la manera de que un Museo no sea un saco sin fondo de gastos sino un valor para ciudadanos y visitantes.
Actualmente estamos realizando dos proyectos para la Obra Social “la Caixa”: una exposición temporal de 900 m2, y una exposición itinerante de 200m2, en un sistema de contenedores desplegables desarrollados específicamente para esta tarea. Estamos acabando el “Museo del aceite de Oliva y la sostenibilidad” en Jaén, España, y desarrollando el proyecto del nuevo “Museo del Caballo de Chantilly” Francia, cuyo promotor es el AKTC (Aga Khan Trust for Culture, de Ginebra).
Por otra parte nos gustaría mucho poder participar, con nuestro bagaje y conocimientos, en la realización de algún Museo en Chile. Como chileno emigrado hace 26 años, este es un sueño que me gustaría hacer realidad.